Colt Lundy, en complicidad con Paul Gingerich, asesinó a su padrastro, Phillip Danner. Colt tiene 15 años y Paul 12.

 

Estos muchachos en complicidad con otros dos niños de doce años, planearon durante un mes el asesinato de Danner para viajar en el auto de éste a Arizona. Uno de los niños vigilaba la casa mientras Colt y Paul esperaban al padrastro en la sala. Al momento en que Danner ingresó a la casa le dispararon dos tiros en el pecho, otro en un ojo y uno más en la muñeca derecha.

 

Colt Lundy fue  juzgado como adulto, se declaró culpable de conspirar para cometer asesinato y recibió una condena de 30 años, cinco  de los cuales pasará en libertad condicional, cuando tenga cuarenta años. Mientras, estará hasta los 18 en una institución correccional para menores.

 

Por su parte, la defensa de Paul Gingerich busca evitar que este también sea juzgado como adulto, mientras, se encuentra internado en una cárcel preventiva.

 

En nuestro país hace casi cinco años se reformó el artículo 18 de la Constitución Política estableciendo un sistema de justicia integral para adolescentes. Aquellos que tengan doce 12 años cumplidos y menos de 18 años serán juzgados por este sistema. Los menores de 12 años, sólo serán sujetos de rehabilitación y asistencia social, y el internamiento o cárcel se utilizará solo como medida extrema y por el tiempo más breve que proceda, y “podrá aplicarse únicamente a los adolescentes mayores de catorce años de edad, por la comisión de conductas antisociales calificadas como graves”.

 

El homicidio se considera como un delito grave, por lo que de haber cometido el delito en México, Colt podría ser sujeto de internamiento, y en algunos estados se le aplicaría un internamiento máximo de 10 años. Y Paul ni siquiera entraría a la cárcel.

 

Y la pregunta que queda en el aire es, ¿cuál es el sistema más justo?

 

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