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Israel y el pueblo judío está viviendo una crisis interna que ha puesto sobre la mesa una vez más la pregunta de quien es judío y que ha enfrentado a los ultra ortodoxos con las judíos más liberales incluyendo a la comunidad judía de los Estados Unidos.

 

La disputa nació a partir de la necesidad de convertir al judaísmo a cientos de miles de judíos rusos que llegaron a Israel, pero quienes bajo la óptica ortodoxa del judaísmo al tener ascendencia mixta no se consideran judíos y por tanto no pueden integrarse socialmente al no poder casarse, divorciarse o ser enterrados bajo ritos judíos, ni educar a sus hijos bajo los mismos.

 

De esta necesidad nació una iniciativa de ley cuyo objetivo era efectuar estas conversiones de una manera fácil y ágil, confiriendo la facultad de conversión a los rabinos locales, quienes se encuentran más cercanos a las comunidades.

 

Sin embargo, a esta propuesta se opusieron los ultra ortodoxos y la iniciativa cambió para establecer que sería función del rabinato principal las conversiones efectuadas bajo las normas de la ley judía ortodoxa.

 

A esta propuesta se opusieron otros grupos de judíos moderados, entre ellos, los de Estados Unidos, por considerar que bajo esta norma sus procesos de conversión, más indulgentes, serían declarados inválidos.

 

Frente a esta propuesta, los judíos americanos escribieron al Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu que consideraban que la aprobación de esa ley sería un error histórico que provocaría la división del pueblo judío. No se debe soslayar el poder de la comunidad judía americana en cuanto a las relaciones de los Estados Unidos con Israel y al avance de los procesos de paz en la región.

 

La ley de conversión ya fue aprobada por un comité parlamentario, pero en vista de la controversia, el pasado jueves el Primer Ministro declaró que se crearía un comité  con participación de ortodoxos, conservadores y reformistas para revisar la propuesta por lo que ésta se pospondría por lo menos seis meses y estableció que ninguna ley en materia de conversión pasaría por el Parlamento antes del mes de enero.

 

El acuerdo también incluye al poder judicial ya que durante este período cualquier litigio en materia de conversión iniciado por los conservadores o reformistas sería suspendido. Los conservadores y reformistas representan al sector más liberal de la práctica del judaísmo.

 

El asunto será negociado durante seis meses, pero se trata de un asunto muy complicado por la misma complejidad de la política en Israel, por asuntos de índole social que incluyen la búsqueda de orígenes étnicos de los judíos en Israel y por el poder económico y político que representan los judíos americanos.

 

Fuente The New York Times

 

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