Mujer al aire libre con los brazos abiertos y árboles de fondo

Corte de Apelaciones de Australia dejó sin efectos sentencia de culpabilidad de madre acusada de haber matado a sus cuatro hijos

Este jueves, la Corte de Apelaciones en Materia Penal de Sídney, Australia, dejó sin efectos la sentencia que declaraba la culpabilidad de una mujer, Kathleen Folbigg, por el homicidio de sus cuatro hijos. Es una victoria para esta mujer y un caso de aprendizaje para los sistemas penales que a veces basan sus resoluciones en medias verdades científicas.

A los 35 años, Kathleen Folbigg fue sentenciada en 2003 a 40 años de prisión por el homicidio de sus cuatro hijos, todos fallecidos antes de los dos años de vida. Reiteradamente, negó haber lastimado a sus hijos, pero fue encontrada culpable al haberse dado mucho peso a unas ambiguas líneas que escribió en su diario y al testimonio del médico que certificó como desconocida la muerte de la hija más pequeña, Laura, que, sin presentar evidencia científica, dijo que nunca había visto que en una misma familia fallecieran cuatro hijos por causas naturales. Basados en este evidencia, la fiscalía aseguró que era más probable que los cerdos volaran a que Kathleen no hubiera intervenido en la muerte de sus hijos.

En 2018, la doctora Carola Vinuesa, una inmunóloga de la Universidad Nacional Australiana en Canberra, y el doctor Todor Arsov, secuenciaron el genoma de Kathleen y descubrieron que tenía una rara mutación conocida como el gen CALM2.

Se sabe que unas 75 personas son portadoras de esta mutación, que esencialmente crea arritmias cardíacas que pueden causar un paro cardíaco y la muerte repentina durante la lactancia y la infancia. En por lo menos 20 de estos casos en que se conoce la mutación, los hijos fallecieron y en otros sufrieron paros cardíacos. Estos paros ocurren cuando hay un detonador de adrenalina, como sucede cuando se toma pseudoefedrina, medicamento que Laura, la hija más pequeña, estaba tomando cuando falleció.

A partir de este descubrimiento, se pidió al juez que reabriera el caso, y no fue sino hasta que se hizo presión por parte de la comunidad científica que se aceptó que existía nueva evidencia para revisar el caso.

Mientras el proceso judicial tomaba su curso, en junio, la gobernadora de Nueva Gales del Sur, Margaret Beazley, firmó un perdón a favor de Kathleen Folbigg, lo que le permitió salir en libertad.

Esta semana, la Corte de Apelaciones aceptó que en el caso existen dudas razonables sobre la culpabilidad de esta madre, basadas en "un amplio conjunto de nueva evidencia científica" que no había estado disponible en el momento de dictarse sentencia.

Al haber anulado la sentencia de culpabilidad, se abre el espacio para que Kathleen Folbigg, que fue señalada en su momento por los medios como la peor madre del mundo, pueda pedir una compensación por los daños. Al respecto, su abogada, Rhanee Rego, declaró a los periodistas que la compensación podría ser “mayor que cualquier pago sustancial que se haya realizado antes”.

Kathleen Folbigg, dándonos una lección sobre la vida y la muerte, declaró a los medios que “[e]l sistema prefirió culparme en lugar de aceptar que a veces los niños pueden morir, y de hecho lo hacen, de manera repentina, inesperada y desgarradora”.

Más información nytimes.com

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