Suprema Corte de Nueva Zelanda

 

Suprema Corte de Nueva Zelanda anuló la sentencia dictada a un hombre por abuso sexual durante el “pánico satánico”

El viernes, en la primera decisión de su tipo, la Suprema Corte de Nueva Zelanda anuló, póstumamente, la condena impuesta en 1993 a Peter Ellis, maestro en una guardería en Christchurch, por abuso sexual.

La legislación neozelandesa dispone que una vez que la persona fallece, los procedimientos judiciales que sigue deben terminar. Peter Ellis, falleció de cáncer en 2019, pero la mayoría de magistrados de la Suprema Corte determinó que era en el mejor interés de la justicia continuar con la apelación de la condena que presentó pocos meses antes, frente a quienes consideraron que era en el mejor interés de los niños que terminara el proceso de apelación con su fallecimiento.

La semana pasada, la Suprema Corte del país de Oceanía encontró que en la condena había habido un “error sustancial de la justicia” y anuló la sentencia, concediendo a Ellis su derecho al honor, que, conforme con las costumbres māori, tikanga, es importante tanto durante la vida como en la muerte.

Las acusaciones en contra de Peter Ellis, que trabajó en el centro infantil cívico de Christchurch entre 1986 y 1991, se presentaron cuando en varios países, especialmente en los Estados Unidos, iniciaron procesos similares de abuso sexual vinculado con rituales satánicos, un importante fenómeno sociológico que se conoció como el “pánico satánico”, con falsas memorias de las supuestas víctimas.

La acusación inició por un niño de 3 años que dijo que no le gustaba el “pene negro” de Peter Ellis, quien semanas antes, con un cachorro, había mostrado a los niños la diferencia entre macho y hembra. La madre de este niño había escrito un libro sobre abuso sexual de tal forma que, a partir de las declaraciones de su hijo, presentó una queja y avisó a los demás padres sobre lo que ella asumió que había ocurrido a su hijo.

A partir de las acusaciones, los investigadores entrevistaron a los niños, sin encontrar nada significativo en la declaración del primer niño. Lo interesante es que tras varios interrogatorios, las historias de los niños, unos muy pequeños, fueron cambiando para incluir rituales satánicos con pociones mágicas, jaulas, cadenas y animales, como sapos. A la lista de abusadores se sumaron los de varios otros cuidadores, incluidas cuatro mujeres. Posteriormente, los cargos en contra de ellas se desecharon, pero sus carreras quedaron destruidas.

Aunque inicialmente se presentaron más de 40 acusaciones, estas se fueron reduciendo tras las investigaciones. Así, en 1993, Peter Ellis fue sentenciado a 10 años de prisión por 16 de los 25 cargos de abuso sexual, cometidos en contra de siete niños. Años después, una niña retiró la acusación.

Ellis, que sirvió siete años de la condena, defendió su inocencia y estuvo apelando la sentencia, la última apelación presentada antes la Suprema Corte en 2019, aceptada pocos meses antes de su fallecimiento en septiembre de ese año.

Al anular la sentencia, la Suprema Corte consideró la situación social del momento por el “pánico satánico” en el que las acusaciones seguían un mismo patrón: la acusación iniciada por un niño y seguida de otros cuyos ansiosos padres los interrogaban antes de que las autoridades pudieran tener acceso a las declaraciones, lo que significa que mucha evidencia estuvo contaminada. Esto hizo difícil para el jurado determinar que era cierto y qué había sido imaginado por las y los acusadores, concluyéndose finalmente que un jurado bien informado no habría podido fallar por la culpabilidad con fundamento en evidencia contaminada.

Si bien la decisión de la Suprema Corte fue recibida con mucha alegría por los hermanos de Peter Ellis, Mark y Tania, algunos de los padres de los entonces niños se manifestaron entristecidos por la decisión, pues algunos de ellos estuvieron durante los años combatiendo las diferentes apelaciones que Ellis presentó.

Al dar a conocer la decisión, la Suprema Corte declaró que su sentencia “marca el final de un largo y doloroso viaje por los tribunales para muchas personas involucradas en este caso”, y que “su sentencia no debe leerse como una crítica a los padres, los denunciantes o aquellos involucrados en la investigación y juicio”.

Más información stuff.co.nz / theguardian.com

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