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En Colonia, Alemania, se presentó un serio enfrentamiento entre un grupo que propone la creación de un movimiento popular europeo de derecha en contra de la construcción de una enorme Mezquita en la ciudad que ya ha sido autorizada por los funcionarios de la ciudad.

 

Este movimiento que estaba celebrando una conferencia en Colonia, busca la europeización de Europa, aunque parezca redundante, frente a la numerosa migración que han recibido en años recientes. Y se trata de un grupo de personas de extrema derecha que anunció en su momento que varios políticos de otros países de Europa se estaban uniendo a su conferencia.

 

Estos enfrentamientos no son nuevos ni se presentan exclusivamente en Alemania. Los gobiernos repudian estos movimientos extremistas y los ataques a las minorías, pero tampoco parecen haber encontrado el justo medio entre tolerancia a las costumbres extranjeras y sus propias leyes como ha sido el caso de Francia y de Alemania, donde las mujeres musulmanas no pueden llevar la cabeza cubierta con su tradicional velo a las escuelas públicas. Oficialmente esta decisión se tomó bajo el argumento de que el estado es laico y que no se deben mezclar las creencias religiosas con la educación. Sin embargo para los musulmanes no hay diferencia entre la vida cotidiana y sus creencias religiosas ya que el velo lo deben llevar las mujeres siempre.

 

 

Paradójicamente los estudiantes musulmanes que viven en Francia parecen haber encontrado refugio en las escuelas católicas, en donde son libres de manifestar sus creencias religiosas llevando el velo o rezando públicamente. Y prefieren ser libres de manifestar su religión al lado de crucifijos e imágenes de la Virgen que enfrentarse a las autoridades francesas al acudir a las escuelas públicas con la cabeza cubierta.

 

Otro caso sobre las costumbres religiosas y la ley se presentó recientemente en Inglaterra en donde se condenó a un fiel musulmán shia por haber, no solo permitido sino alentado, que dos niños, de 13 y 15 años, se flagelaran con un látigo que termina en cinco puntas filosas y que por ello sufrieran cortes y daños en sus espaldas.

 

El hombre se defendió de la acusación exponiendo que el acto de flagelación forma parte de su religión en la que se están formando los niños, y que así como el ayuno, en cierta fecha del año deben llevar a cabo estos actos de inmolación. Los niños, por su parte, alegaron que pese a que quieren conocer su religión, no querían flagelarse con un látigo como el que utilizaron.

 

Y muchos se podrán escandalizar, pero los fieles shia manifiestan que la flagelación es parte de su cultura y de su religión, aunque para evitar problemas han decido que los menores de edad no se flagelen con objetos cortantes, sino hasta que sean mayores de edad y nadie pueda ser imputado por lesiones.

 

Esta serie de conflictos derivados de las diversas costumbres se siguen manifestando no solo en Europa sino también en otros países como el caso que comentamos en el blog sobre Michelle Palmer, la británica que está en juicio por haber tenido relaciones sexuales en una playa en Dubai y cuya audiencia, valga señalar, se pospuso hasta octubre. 

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