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Soldados con armas

 

Congreso de Carolina del Sur aprueba como método de ejecución de la pena de muerte el pelotón de fusilamiento

La Cámara de Representantes de Carolina del Sur, Estados Unidos, aprobó una reforma de ley según la cual las ejecuciones de las sentencias de pena de muerte podrán efectuarse mediante un pelotón de fusilamiento. Es previsible que esta reforma se convierta en ley al tener el apoyo del gobernador Henry McMaster.

Carolina del Sur es uno de los 24 estados de los Estados Unidos en donde la pena de muerte sigue vigente. En los últimos 16 años once estados la han derogado como sanción y otros gobernadores han establecido moratorias.

En el estado hay 37 reos condenados a pena de muerte y tres de ellos han agotado ya todas sus instancias. Sin embargo, en 10 años no se ha ejecutado ninguna de estas sentencias por problemas con las sustancias usadas en la inyección letal, el método que ha sido más utilizado y considerado, quizá muy equivocadamente, el más “humano”.

La propuesta de aceptar el pelotón de fusilamiento como método de ejecución fue presentada por el senador demócrata Richard A. Harpootlian bajo el argumento de que es más “humano” que la silla eléctrica. “Es un proceso extraordinariamente espantoso y horrendo”, dijo sobre la electrocución, “donde en esencia se incendian y no mueren inmediatamente.”

Así, en 2018 cuatro sentenciados en Tennessee, donde se usa la silla eléctrica, pidieron a un juez que les permitiera morir por pelotón de fusilamiento, pero la petición fue negada porque en la ley de ese estado no está previsto este método.

Todo parece indicar que la inyección letal, pese a la percepción general, tampoco es tan “humana” como se cree. Expertos médicos han declarado que el componente que paraliza el cuerpo y que forma parte de los tres componentes de la inyección, oculta una muerte sumamente dolorosa que puede tomar 15 minutos o más.

Carolina del Sur no es el primer estado que aprueba el pelotón de fusilamiento como método de ejecución, ya fue legislado en Oklahoma, Utah y Mississippi, todos estados del sur. Emiratos Árabes Unidos y Corea del Norte son países que también tienen previsto este método de ejecución. En Japón se utiliza la horca.

El último reo en haber muerto por pelotón de fusilamiento fue Ronnie Gardner en el estado de Utah en 2010. El día de su ejecución los oficiales le pusieron una capucha negra en la cabeza y fijaron un pequeño círculo rojo sobre su corazón.

La tendencia actual es alejarse de la pena de muerte de tal forma que cada vez es menos solicitada por los fiscales en los estados en donde está regulada y los jurados cada vez son más renuentes a imponerla. Así, según Robert Dunham del Death Penalty Information Center en cada uno de los últimos seis años, menos de 50 sentencias de este tipo han sido dictadas, frente a las más de 300 que se dictaban por año a mediados de la década de los años 90.

A nivel federal la pena de muerte también estaba en desuso, hasta la administración pasada cuando se reanudaron las ejecuciones tras una pausa de 17 años. El entusiasmo del señor Trump por este castigo parece haber sido aliciente para que gobernadores como McMaster estén deseosos de reanudar este castigo de cualquier forma.

La pena de muerte no es un tema sencillo, como nada lo es. En Estados Unidos se debe considerar también la considerable desproporción entre sentenciados afroamericanos y blancos.

Por ejemplo, cuando el gobernador Ralph Northam de Virginia propuso eliminarla de la legislación penal expuso que casi el 79 por ciento de los reos que habían sido ejecutados en ese estado eran afroamericanos. “Terminar con la pena de muerte se reduce a una pregunta fundamental: ¿Es justo?”, dijo. Virginia, el primer estado del sur en hacerlo, eliminó la pena de muerte en marzo.

Carolina del Sur no es ajeno a estas cifras. De las 284 ejecuciones efectuadas por el estado desde 1912, casi tres cuartas partes han sido de reos afroamericanos.

La iniciativa del pelotón de fusilamiento ya fue aprobada por el Senado del estado por lo que se espera que pronto sea firmada por el gobernador McMaster quien escribió en su cuenta de Twitter: “Estamos un paso más cerca de dar a las familias y seres queridos de las víctimas la justicia y cierre que merecen por mandato de ley” y con estas palabras llegamos a la no respondida pregunta: ¿Se trata de castigo o de venganza?

Más información nytimes.com

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