Hélice de ADN

 

Tribunal en Australia se niega a dar peso a evidencia científica que asegura que los hijos de acusada de homicidio murieron de causas naturales

Más de 90 eminentes científicos están pidiendo a los tribunales de Nueva Gales del Sur, Australia que, con fundamento en contundente evidencia científica, se ordene la liberación de Kathleen Folbigg, una mujer sentenciada en 2003 por el homicidio de sus cuatro hijos.

Kathleen Folbigg ha negado haber matado a sus cuatro hijos, todos ellos fallecidos antes de los dos años, pero ante el juez pesaron más unas ambiguas líneas que escribió en su diario y el testimonio del médico que certificó como desconocida la muerte de la hija más pequeña, Laura, que, sin presentar evidencia científica, dijo que nunca había visto que en una misma familia fallecieran cuatro hijos por causas naturales. Basados en este evidencia la fiscalía aseguró que era más probable que los cerdos volaran a que Kathleen no hubiera intervenido en la muerte de sus hijos. Así, fue sentenciada a los 35 años a 40 años de prisión.

Kathleen contrajo matrimonio con Craig Folbigg, minero. Su primer hijo, Caleb murió el 20 de febrero de 1989 a los 19 días de nacido y su muerte fue clasificada como síndrome de muerte súbita del lactante, SMSL.

Patrick, el segundo hijo, murió a los 18 meses casi dos años después que su hermano. Él era ciego y tenía epilepsia y murió por asfixia.

La tercera era una niña, Sarah, que murió en 1993 a los 10 meses de edad de SMSL. La cuarta hija, Laura, falleció a los dos años en marzo de 1999 por causas en ese entonces indeterminadas.

En 1996, con sus tres hijos fallecidos y antes del nacimiento de Laura, Kathleen escribió en su diario: “Obviamente, soy hija de mi padre”, con el inconveniente de que su padre durante una borrachera mató a su madre a plena luz del día cuando Kathleen tenía 18 meses. En otra fecha escribió que “Sarah se había ido "con un poco de ayuda" y fueron estas líneas las que llevaron al esposo a denunciar a Kathleen a las autoridades como matricida.

Durante el juicio, en el que Australia calificó a esta mujer como un horrible monstruo homicida de niños, Kathleen negó haber cometido los homicidios y explicó que había escrito lo relativo a Sarah queriendo decir que esperaba que Dios hubiera acogido a la niña en el cielo.

En contra de ella testificó el doctor Allan Cala, quien certificó la muerte de Laura, y con base en su testimonio la fiscalía cerró su caso diciendo "Nunca, nunca ha habido en la historia de la medicina un caso como este", dijo un fiscal en los alegatos finales. "No es una duda razonable, es absurdo".

Desde entonces las instancias legales se han ido agotando, pero el equipo de abogados de Kathleen contactó a la doctora Carola Vinuesa, una inmunóloga de la Universidad Nacional Australiana en Camberra. En octubre de 2018, acompañada del doctor Todor Arsov visitaron a Kathleen en prisión y ella les dio consentimiento para secuenciar su genoma. En esta secuencia descubrieron que ella tenía una rara mutación que es conocida como el gen CALM2.

Se sabe que unas 75 personas son portadoras de esta mutación que esencialmente crea arritmias cardíacas que pueden causar un paro cardíaco y la muerte repentina durante la lactancia y la infancia. En por lo menos 20 de estos casos en que se conoce la mutación, los hijos fallecieron y en otros sufrieron paros cardíacos. Estos paros ocurren cuando hay un detonador de adrenalina, como sucede cuando se toma pseudoefedrina, medicamento que Laura estaba tomando cuando falleció.

Los especialistas analizaron muestras de tejidos de los niños tomadas poco después de haber nacido y encontraron que Sarah y Laura eran portadoras del mismo gen que su madre y Caleb y Patrick tenían variantes genéticas que en estudios con ratones han sido vinculados a letales ataques epilépticos tempranos.

Podría pensarse que con esta contundente evidencia los tribunales han aceptado ya la inocencia de Kathleen, pero no es así. Agotadas las instancias legales los abogados pidieron una investigación formal para presentar el detallado reporte de la doctora Vinuesa sobre el caso. Junto con esta evidencia científica, se recibió una nueva deposición del doctor Caleb en que declara que cuando recibió el cuerpo de Laura, después de tres muertes, “se debe tener en el fondo de la mente, ¿sucedió algo más relacionado con un posible trauma?"

El juez, sopesando las líneas del diario de Kathleen y esta declaración del doctor Caleb frente a la evidencia científica, decidió por lo que parece menos lógico: confirmar la sentencia de culpabilidad. Una decisión que Bob Moles, profesor de la Universidad de Flinders, explica así: “Uno de los principales problemas que tenemos es la disposición de los tribunales de admitir evidencia científica que en realidad no es científica”. (Un problema que no es solo de los tribunales sino generalizado porque creemos más las mentiras con barniz científico que la evidencia científica contundente como que el cambio climático no es causado por el hombre o que el COVID-19 no existe).

Ahora la petición de que se declare inocente a Kathleen no solo es respaldada por los doctores Vinuesa y Arsov sino por más de 90 especialistas, entre ellos el doctor Peter Schwartz, un genetista de clase mundial que ha estado investigando la mutación del gen de Kathleen; John Shine, presidente de la Academia Australiana de Ciencias; y, Elizabeth Blackburn, premio Nobel de Medicina en 2009, docente en la Universidad de California en San Francisco.

“Nos sentiríamos muy felices por Kathleen si la perdonaran”, declara la doctora Vinuesa. "Enviaría un mensaje muy fuerte de que la ciencia debe ser tomada en serio por el sistema legal".

Más información nytimes.com

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