Bebé en bautizo

 

Hijo de Éamon de Valera, expresidente irlandés, fue facilitador en el esquema de adopciones ilegales

Un programa de Radio Televisión de Irlanda, RTÉ, dio a conocer esta semana cuatro casos de adopciones ilegales en las que estuvo involucrado el segundo hijo del presidente irlandés Éamon de Valera; un médico ginecólogo del mismo nombre, fallecido en 1986.

Éamon de Valera fue el fundador del Fianna Fáil, Partido Republicano Irlandés, activo impulsor de la Constitución de la República de Irlanda en 1937 y es hasta la fecha el taoiseach, primer ministro, que ha servido más tiempo. Renunció a ese cargo para asumir la presidencia de su país que ejerció por dos términos consecutivos de 1959 a 1973. Caracterizado como un hombre frío y austero fue padre de siete, dos hijas y cinco hijos, el segundo Éamon, el ginecólogo.

En una edición del Irish Mail de 2015, de Valera hijo fue identificado como facilitador de las adopciones ilegales, una práctica común que se efectuó con ayuda de miembros de la iglesia católica y que en 2018 el taoiseach Leo Vadakar dijo que las adopciones ilegales equivalían a "otro capítulo de la muy oscura historia de nuestro país" que había "robado a los niños, nuestros conciudadanos, su identidad".

La República de Irlanda adoptó en 1952 la Ley de Adopciones, pese a lo cual se siguieron entregando ilegalmente niños de madres nacidos fuera del matrimonio a matrimonios que, aparentemente, pagaban altas sumas de dinero por ellos. La forma de operar era muy semejante en todos los casos con niños naciendo en hospitales católicos y sus certificados de nacimiento o bautismo falsificados para que no sufrieran el “estigma” de la adopción y sus padres adoptivos aparecieran como padres biológicos.

En el caso de Brial Lynch, su madre adoptiva era paciente del doctor de Valera. Cuando se aproximaba la fecha de su ficticio parto, se internó en el hospital St. Brendan de donde salió con Brian, un bebé que nació de una madre soltera. Según relató Brian en el programa de RTÉ, ni él ni su hermana Brenda supieron que habían sido adoptados porque su madre decidió no revelarles esta información.

Las madres biológicas fueron quienes más sufrieron por estos actos, pues no solo eran rechazadas socialmente por haberse embarazado fuera del matrimonio, sino que incluso fueron perseguidas por las monjas para que pagaran su atención hospitalaria. Eso sucedió a la madre biológica de Susan Kiernan, cuya adopción también fue facilitada por el médico Éamon de Valera. A esta mujer le cobraron 85 libras esterlinas por el parto, pese a que su hija fue entregada en adopción. Un año después del nacimiento de Susan, las monjas de las Hermanas de la Caridad seguían amenazándola con arruinar su reputación para que les pagara.

En enero de 2020 se estimaba que estaban identificadas 148 actas falsificadas. Solo un despacho de abogados de Dublín tenía ya la representación de 25 personas y en ese mes se presentó el primer caso de adopción ilegal en el Tribunal Superior por el actor Patrick FitzSymons. En esta primera demanda se pide la reparación de daños y perjuicios por lesiones personales y psicológicas, malestar mental, angustia, shock nervioso y pérdida "sufrida por negligencia e incumplimiento del deber, incluido el deber legal", además de una indemnización ejemplar por “conspiración procesable, engaño, falsedad dolosa y violación de los derechos constitucionales” relacionados con la presunta falsificación de documentos de nacimiento, y una declaración de incompatibilidad con la Convención Europea de Derechos Humanos.

El tema de las adopciones, legales e ilegales, se complicó por la imposibilidad de que los adoptados conocieran la identidad de sus madres biológicas porque los archivos, al amparo de la ley, quedaron sellados hasta hace algunos años. Una trágica historia que retrata muy bien esta situación es la de Philomena Lee quien durante 50 años estuvo buscando al hijo que le obligaron a entregar en adopción.

Este “oscuro” capítulo de la historia irlandesa se vincula con otro tanto o más oscuro sucedido en los hogares para madres e hijos, en donde no solo se facilitaron adopciones, sino donde los nacimientos y muertes de muchos niños y bebés quedaron enterrados en las premisas de estas instituciones también católicas, negándoles incluso el derecho a que se les reconociera su existencia. Este año se filtraron fragmentos del reporte que investigó estas atrocidades.

Siendo justos, no solo la iglesia católica se creyó mejor que los padres biológicos de miles de niños entregados ilegalmente en adopción. Si bien fue esta institución la que operó estos procesos en Irlanda, España y Argentina -por mencionar los casos más conocidos- este esquema de quitar los hijos a la fuerza a los padres biológicos se repitió en Canadá respecto de niños de naciones originarias, en Dinamarca respecto de los niños de Groenlandia, en el Reino Unido respecto de niños de clases desfavorecidas e incluso en Israel respecto de niños de familias judías pobres de Yemen y otros países del norte de África.

Más información irishtimes.com

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