Firmando documento

 

Conforme con información de una organización que vela por los derechos de las personas de la tercera edad, durante la crisis del COVID-19 se ha incrementado en Suiza, en las regiones francesa e italiana particularmente, el número de solicitudes para elaborar la declaración de voluntad anticipada.

La voluntad anticipada es un documento en el que la persona establece libremente los tipos de tratamientos y/o procedimientos médicos que se le pueden aplicar para prolongar la vida en caso de accidente o enfermedad. En Suiza, país en donde el suicidio asistido es permitido, también se expresa esta voluntad de las personas. En México, la declaración anticipada está regulada en la Ciudad de México y en por lo menos trece estados, aunque, claro, no se pueden establecer disposiciones respecto del suicidio asistido que en nuestro país es ilegal.

En Suiza, la organización Pro Senectute ha preparado una serie de documentos llamados DOCUPASS en los que se incluye la voluntad anticipada, el otorgamiento de un poder general a una persona designada para que se ocupe de los asuntos de quien firma, administre sus finanzas y lo represente en caso de discapacidad mental. También incluyen documentos para disponer arreglos para el fallecimiento, que incluye la donación de órganos, el testamento y una tarjeta con los datos de la persona a contactar en caso de una emergencia. Lo dispuesto en estos documentos se ejecuta una vez que la persona no puede comunicarse o tomar decisiones por sí misma.

“En las regiones de lengua alemana en Suiza, antes de la crisis del coronavirus, 50 por ciento de las personas mayores de 65 tenían la documentación para su voluntad anticipada, pero no la habían completado. Creemos que ese número de formas completas se ha elevado considerablemente”, declaró a swissinfo.ch Tatjana Kistler, vocera de Pro Senectute.

Según datos de una encuesta realizada en 2017 a petición de la organización, consistente en 1,200 llamadas telefónicas a personas entre 18 y 99 años, solo el 22 por ciento de los suizos había elaborado su declaración de voluntad anticipada. El 47 por ciento de ellos eran personas entre 60 y 70 años. En la parte alemana, lo habían elaborado el 27 por ciento de la población mientras que en la parte de habla francesa en promedio era de 10 por ciento y en la de la población italiana el 5 por ciento.

Según Tatjana Kistler esas cifras han cambiado con la crisis y durante el confinamiento hubo un aumento del 50 por ciento en las solicitudes de la documentación en las regiones de lengua francesa e italiana.

“En este período de crisis extrema, las imágenes que las persona ven en la televisión ocasionan miedo”, declaró Alain Huber de Pro Senectute. “Escuchamos muchos comentarios de personas mayores como: He tenido una buena vida, ahora tengo 90 y no quiero morir así.”

No solo son las personas mayores quienes están haciendo arreglos anticipados, sino también personas más jóvenes. Aunque Kistler declara que “aun antes de la pandemia notamos que personas mucho más jóvenes estaban expresando interés en la idea de arreglos personales, ya fuera porque sus padres querían hacerlo o porque eran más consientes de lo ventajoso de hacer arreglos personales lo más pronto posible.”

Cada legislación regula de manera diferente las declaraciones de voluntad anticipada. En países donde se incluye la decisión de la muerte por suicidio asistido, por ejemplo, los médicos han convenido en que no se apliquen si son muy antiguas. Tal es el caso de Países Bajos en donde según un estudio realizado por el médico familiar Matthijs van Wijmen, un amplio porcentaje de las declaraciones de voluntad anticipada en materia de eutanasia no se pueden aplicar por su antigüedad.

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