Uniforme de policía

 

Esta semana, un tribunal de la Provincia del Noroeste, Sudáfrica, concedió a una cantante de música góspel una compensación porque la ilegal actuación de la policía al catear su casa sin una orden judicial le ocasionó repudio social.

La agraviada se llama Matshidiso Jeanette Shashape, residente del poblado de Tlakgameng en la mencionada provincia. Ella es cantante y bailarina, dirigía un grupo cultural infantil y completaba sus ingresos vendiendo CD con sus canciones.

En marzo de 2018 su vida tranquila terminó cuando dos agentes de la policía, sin orden judicial, llegaron a revisar su casa alertados por una llamada que decía que Shashape tenía en su posesión carne de dos vacas que fueron robadas a un “granjero blanco”.

Shashape sí tenía dos filetes de carne, pero explicó a los policías que los había comprado en una tienda y que no tenía conocimiento de las vacas robadas. La explicación satisfizo a la policía y no la detuvieron ni presentaron cargos en su contra.

Pero la vida de esta madre de familia cambió radicalmente porque sus vecinos dejaron de visitarla; cuando algo se perdía la miraban; a uno de sus hijos le dijeron que su madre era una ladrona; ningún niño regresó a su grupo cultural; tuvo que dejar de actuar porque la vez que lo hizo después de lo ocurrido, la audiencia se retiró “gesticulando, lanzando sus brazos en el aire hacia atrás”. Y, por supuesto, ya nadie quiso comprar sus CD.

Por este daño que sufrió en su reputación, decidió presentar su demanda exigiendo una compensación de la policía.

El juez Festus Gura falló a su favor mencionando, en primer lugar, que conforme con el artículo 22 del Código de Procedimientos Penales, la policía actuó ilegalmente porque para efectuar un cateo sin orden se necesita que se satisfaga una de dos condiciones: que exista consentimiento o que existan sospechas razonables que hagan suponer que la orden será emitida, pero que el retraso en el operativo pueda comprometer el objetivo de la búsqueda.

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En este caso, dijo el juez, no hubo consentimiento y correspondía probar a la policía que se satisfacía la segunda condición, pero fueron omisos al respecto.

Por otro lado, dijo que del testimonio de la demandante era evidente el descrédito sufrido y el daño emocional que esto le había provocado.

“En mi opinión, Shashape fue un testigo honesto, veraz y confiable y el tribunal acepta su relato como una visión correcta de lo que sucedió ese día. En un balance de probabilidades, estoy satisfecho con que el cateo fue ilegal y fue contrario al criterio señalado en la sección 22”, declaró el juez Gura.

“Su apariencia, expresión facial, el tono de su voz, su temperamento y estado de ánimo en el estrado de testigos lo dice todo.

“Ella está emocionalmente destrozada. La dignidad y autoestima de ella y de su familia se ha perdido. Tomará tiempo el sanar estas heridas psicológicas que su familia ha sufrido. Su salud ha quedado comprometida. Sus ingresos han sido apaleados. Esta invasión ilegal a los derechos de su familia a la privacidad ha puesto directamente un rayo en las ruedas de su carrera musical. Ahora tiene que pedir limosna.”

El juez ordenó a la policía pagar una compensación de 96,000 rands, unos US$ 5,190, agregando que “este perverso acto fue realizado por oficiales de la policía cuyo deber constitucional es proteger a la sociedad”.

Si bien ella ha retenido su talento, concluyó el juez, “no hay nadie a quien entretener porque, ¿quién está interesado en escuchar las canciones de una sospechosa de robo?”.

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