Joven con cubrebocas

 

El tratamiento al brote y posible contagio del COVID-19, identificado inicialmente como coronavirus de Wuhan por la ciudad china en que surgió, varía de país en país y contrastar las respuestas nacionales es interesante.

A finales de febrero, Israel impuso muy estrictas medidas de seguridad para evitar la propagación del virus, expidiendo para tales fines una normativa temporal conocida como Orden de Salud Pública 2020.

En dicha normativa se ordenaron 14 días de cuarentena a los israelís que regresaban de China, Tailandia, Hong Kong, Macao y Singapur y 14 días de cuarentena a todas las personas que hayan tenido contacto con estos viajeros. La norma se refiere específicamente a los israelís pues Israel prohibió la entrada a su territorio a todos los extranjeros que 14 días anteriores a su llegada a Israel hayan estado en alguno de esos países. De más está decir, que la entrada de los nacionales de esos países quedó totalmente prohibida.

La cuarentena es obligatoria y se guarda en las casas de las personas de tal forma que los israelís que violen el plazo de la cuarentena de forma voluntaria y a sabiendas arriesgan una sanción de hasta siete años de cárcel. Quienes la incumplan por negligencia podrían ser sancionados con hasta tres años de prisión. Para reportar a quienes incumplan la cuarentena se habilitó una línea telefónica.

Posiblemente las medidas se han extendido a países como Corea del Sur o Italia donde se ha reportado un incremento de casos.

Frente a estas medidas, este martes el primer viceministro de Tailandia, Prawit Wongsuwon, dijo que no hay cuarentena obligatoria para los trabajadores tailandeses que han estado regresando de Corea del Sur, donde estaban de forma ilegal.

El funcionario dijo que como Corea del Sur no se ha cerrado como lo hizo Wuhan en China, no hay cuarentena obligatoria y que al no haber una ley especifica no se puede obligar a estas personas a permanecer en sus hogares sin acudir a lugares públicos por lo que solo se puede esperar que cumplan voluntariamente con las medidas de salud pública.

Según cifras proporcionadas, hay unos 20,000 tailandeses trabajando legalmente en Corea del Sur y unos 120,000 haciéndolo de forma ilegal. Estos trabajadores, conocidos como phi noy, pequeños fantasmas, son los que han estado regresando ya sea huyendo del virus o acogiéndose a un programa expedido por el gobierno sudcoreano para desalentar la inmigración ilegal según el cual no se presentarán cargos a los que salgan del país ni sus nombres se inscribirán en una lista negra. De esta forma, desde diciembre unos 4,000 trabajadores han regresado a Tailandia.

La preocupación del Ministerio de Salud tailandés es que muchos de estos trabajadores regresan de Daegu, donde está el principal brote de contagio. Por esta situación, el lunes, el director general del Departamento de Control de Enfermedades, Suwanchai Wattanayingcharoenchai, dijo que el Ministerio de Salud está considerando establecer las mismas medidas que aplicaron a 137 personas que regresaron a principios de febrero de Wuhan y quienes estuvieron en cuarentena. En este sentido, están analizando imponer medidas más estrictas para tratar de evitar el contagio masivo.

Mientras deciden si establecen estas medidas o no, el Ministerio de Salud anunció que voluntarios estarán monitoreando en todo el país a las personas que regresen o que han regresado de Corea del Sur a Tailandia.

El brote de esta enfermedad ha llevado a países como Japón a suspender clases hasta el próximo mes de abril y a otros a ordenar a los trabajadores que laboren desde sus casas. No deja de llamarme la atención que habiendo otras enfermedades con mayor prevalencia y mayor mortalidad, como el dengue en México, sea esta enfermedad respiratoria la que está generando tanto pánico que seguramente será el detonador de una nueva crisis económica.

Más información bangkokpost.com

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