Paquetes de pastillas

 

La Corte Constitucional de Alemania concluyó este miércoles que el individuo tiene el derecho de “autodeterminar” su suicidio, lo que incluye la libertad de tomar su propia vida y hacerlo a través de servicios prestados por terceros. En pocas palabras, readmite el suicidio asistido.

En 2015, por el temor de que ofrecer servicios de suicidio asistido pudiera convertirse en un negocio, el poder legislativo adicionó el Párrafo 217 al Código Penal alemán según el cual “cualquiera que, con la intención de asistir a otra persona a cometer suicidio, proporcione, procure o arregle la oportunidad para que una persona lo haga y cuyas acciones estén intencionadas como una acción recurrente, incurre en una sanción de encarcelamiento por un periodo que no excederá de tres años o a una multa”.

Desde 1996 la asistencia indirecta al suicidio había sido legal en Alemania, lo que significa que el paciente entendía que tomar grandes dosis de pastillas para el dolor bajo la supervisión del médico durante los cuidados paliativos podía resultar en la muerte. La disposición exceptúa a los familiares cercanos del paciente.

También la asistencia al suicidio pasiva es legal desde 2009. En este caso los pacientes que están en pleno uso de sus facultades pueden tomar sus propias decisiones sobre el tipo de tratamiento que reciben, aun sabiendo que rehusar a un tratamiento puede implicar la muerte.

Con la adición del Párrafo 217, muchos estudiosos del derecho consideraron que incluso una consulta o siquiera sugerir la opción de la asistencia al suicidio podía ser sancionado.

En 2017 la Corte Federal Administrativa de Leipzig concluyó que “bajo extremas circunstancias” las personas debían tener la opción de tener acceso legal a medicamentos para terminar sus propias vidas. Por estas circunstancias se entiende “si, debido a una situación de vida intolerable, han decidido libre y seriamente terminar sus vidas” cuando no hay alternativas médicas paliativas disponibles.

Esta decisión se dio respecto de un viudo a cuya esposa negaron la compra de fenobarbital de sodio para terminar con su propia vida por lo que tuvo que viajar a Suiza a la clínica Dignitas.

Esta decisión, sin embargo, ha sido ignorada por el Ministerio de Salud que desde entonces ha negado las más de 200 peticiones para adquirir medicamentos que podrían poner fin a la vida. Por ello, varias personas decidieron recurrir directamente la constitucionalidad del Párrafo 217, entre ellos el urólogo Uwe-Christian Arnold quien pese a la prohibición asistió a más de 100 personas en el suicidio, siendo procesado varias veces aunque absuelto en todas ellas. Antes de poder dirigirse a la corte para exponer el caso, el médico, afectado por cáncer de medula ósea, falleció.

La decisión del máximo tribunal alemán ha tenido reacciones mixtas, lo que es de esperarse respecto de temas tan polémicos como este.

Antes de que se conociera el veredicto, el presidente de la Asociación Alemana de Medicina Paliativa, Lukas Radbruch, advirtió que “si la corte constitucional descarta el párrafo 217, puede alentar a individuos que asisten con suicidios y eso podría ser un peligroso desarrollo para la sociedad”, porque las personas con enfermedades terminales podrían sentirse inclinadas a optar por terminar sus vidas para no ser una carga para sus familiares y, en su opinión, nadie debe sentirse presionado de forma alguna para tomar esa decisión.

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