Billetes europeos

 

Francisco Guerrero lleva 14 años peleando en España en contra de Banco Santander, institución financiera a la que ahora  le reclama 163,000 euros por daños y perjuicios, porque la entidad invirtió 6 millones de euros que ganó en la Bonoloto en productos tóxicos, perdiéndolo todo.

El Juzgado de Primera Instancia nº 3 de Castellón, Valencia, España, está por dictar sentencia en el caso, en el que además de la indemnización para él, exige otros 46,675 euros para una de sus hijas y 69,591 euros para otra, ya que invirtió parte de lo ganado en la lotería a nombre de sus hijos pero en el mismo tipo de productos financieros tóxicos, por lo que también lo perdieron todo.

En la demanda, los representantes de Guerrero piden una acción de "responsabilidad contractual por incumplimiento del contrato de asesoramiento financiero e indemnización de daños y perjuicios derivados de dicho incumplimiento contractual".

Guerrero lleva 14 años peleando en los tribunales españoles, pero a pesar de haber ganado dos juicios, sigue en una situación económica precaria y con serios problemas de salud.

En 2007, Francisco Guerrero, sin estudios y "totalmente ignorante en cuestiones financieras", invirtió 6,5 millones de euros en el Banco Santander en lo que creyó que eran depósitos a plazo fijo sin riesgo, pero en lugar de eso contrató productos tóxicos de alto riesgo que no solo le hicieron perder todo lo invertido, sino que le generaron deudas.

IG, asesores financieros, explica que los productos tóxicos financieros fueron ofrecidos por las entidades a sus clientes como productos con plenas garantías y alta rentabilidad, pero que en la práctica son productos de alto riesgo porque conllevan una rentabilidad variable y sin estar garantizado el capital principal. Y ello porque depende de índices variables y de la evolución tanto financiera como económica.

Algunos de los clientes sufrieron importantes pérdidas de capital. En otras ocasiones el problema era la duración de los contratos para esos depósitos, que en la práctica tenían carácter perpetuo, por lo que sus titulares no podían venderlos para recuperar la inversión realizada.

Y esos titulares empezaron a reclamar ante los tribunales esas prácticas de sus bancos que ha dado lugar a sentencias en las que se reconoce que no se ofreció a los clientes información suficiente sobre el producto en sí, el incumplimiento de la normativa MiFID (Directiva sobre Mercados de Instrumentos Financieros), así como mala praxis en su comercialización.

En España, entre los más conocidos se encuentran los préstamos o hipotecas con cláusula suelo, las participaciones preferentes, la deuda subordinada, los bonos convertibles en acciones, los bonos autocancelables, los depósitos estructurados, los SWAP, o las hipotecas multidivisas.

Fue hasta 2009 cuando Guerrero, albañil de profesión, supo que había perdido todo ya que él siguió trabajando sin "tocar un euro" de lo ganado, y a raíz de una dolencia en la rodilla fue a extraer 30,000 euros al banco y le dijeron que no tenía nada.

Pese a que los tribunales le han dado la razón en dos ocasiones y han condenado al banco a pagarle 1,2 millones de euros a él y otros 1,2 a sus hijos, las deudas generadas por los productos tóxicos se han llevado todo lo recuperado.

Las dos sentencias judiciales falladas en favor de Guerrero reconocen que ni él ni sus hijos tenían "experiencia que determine su conocimiento de los diferentes productos financieros, más al contrario, son clientes sin conocimiento alguno que ante una nefasta experiencia con otra entidad, acuden al Santander, llamando la atención que la demandada no pusiera mayor cuidado en las inversiones asesoradas a la vista del perfil y experiencia de los inversores".

En esas dos sentencias los tribunales reconocieron que el afectado "no tenía conocimientos financieros de ningún tipo, ni actividad profesional relacionada con el sector financiero o de inversión".

Los inversores, señalan las sentencias, "no tienen experiencia que determine su conocimiento de los diferentes productos financieros, más al contrario, son clientes sin conocimiento alguno que ante una nefasta experiencia con otra entidad bancaria acuden al Santander, llamando la atención que la demandada no pusiera mayor cuidado en las inversiones asesoradas a la vista del perfil y experiencia de los inversores".

Francisco Guerrero tiene pendiente un nuevo juicio contra el Banco Santander, señalado para marzo de 2020, en el que reclama 2,064,515.67 euros por otra parte de los productos financieros que contrató sin ser conocedor del tipo de inversión que realizaba, y que resultó compleja y de riesgo, y reclama además daños morales, porque actualmente continúa siendo tratado por depresión crónica.

Más información elmundo.es

miabogadoenlinea.net

Se permite la reproducción parcial o total, concediendo crédito a miabogadoenlinea.net