Mazo judicial

 

La Corte de Apelaciones de Lyon, en el sureste de Francia, absolvió al cardenal Philippe Barbarin del delito de encubrimiento por no haber entregado a las autoridades a un cura acusado de pederastia, revirtiendo de esta forma una sentencia de primera instancia.

Philippe Barbarin, de 69 años, es el arzobispo de Lyon. La acusación en su contra se refiere al encubrimiento de los delitos cometidos por un cura del arzobispado, Bernard Preynat, de 74 años, que está siendo procesado por múltiples abusos sexuales. Se presume que este sujeto abusó por lo menos de 75 niños, pero su testimonio sugiere que la cifra es más alta.

Durante su proceso, a principios de este mes Bernard Preynat declaró que sus superiores sabían del comportamiento “anormal” desde la década de los años 70, pero que no hicieron nada. “Si la iglesia me hubiera retirado antes, me hubiera detenido antes”, dijo el que fuera sacerdote.

Preynat enfrenta una sentencia de 10 años en prisión en uno de los casos más graves de abuso sexual cometido por un miembro del clero católico procesado en Francia. Se espera que su veredicto se entregue el próximo mes de marzo.

De una conversación en 2014 con una de las víctimas de Preynat, Alexandre Hezez, se conoció que el cardenal Barbarin tuvo conocimiento directo de la situación, pues Hezez le contó personalmente de los abusos que había sufrido a manos de Preynat en la década de los años ochenta, diciéndole que sentía que el sacerdote no podía seguir siendo párroco, pero que el cardenal nada hizo al respecto.

El cardenal Barbarin fue procesado el año pasado y sentenciado por encubrimiento a seis meses de prisión suspendida.

En esta sentencia el tribunal encontró que Barbarin "al querer evitar el escándalo causado por los hechos de múltiples abusos sexuales cometidos por un sacerdote ... prefirió correr el riesgo de prevenir que el sistema de justicia descubriera muchas víctimas de abuso sexual y prohibirles la expresión de su dolor".

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En noviembre, una vez que conoció la sentencia, el cardenal anunció que presentaría la apelación porque “no puedo ver claramente de qué soy culpable”.

La defensa del cardenal radicó, como lo hicieron los nazis en sus procesos, en que siguió órdenes, en su caso del Vaticano. Así, declaró que tras la conversación con Hezez reportó los hechos a sus superiores en el Vaticano, sugiriendo que no podía hacer mucho más al respecto.

Hasta el momento se desconocen las razones por las que la Corte de Apelaciones resolvió sobre la absolución de este hombre, aunque su abogado Felix Luciani dijo que “esta decisión es lógica” y añadió que el cardenal había enfrentado “rumores públicos y calumnia”.

Cuando fue declarado culpable en primera instancia, Philippe Barbarin ofreció su renuncia, pero el papa Francisco no la aceptó diciendo que esperarían el resultado de la apelación.

Para la iglesia católica esta absolución podría ser una buena noticia en medio de los constantes escándalos de abuso sexual cometidos por sacerdotes de diversas jerarquías, alcanzando incluso a las más altas. Tal es el caso en Australia de George Pell, quien fue arzobispo de Sídney y de Melbourne y prefecto de la Secretaría de Economía de la Santa Sede y uno de los ocho cardenales elegidos para formar parte del Consejo de Cardenales creado por el papa Francisco para ayudarle en el gobierno de la Iglesia y reformar la Curia romana. En diciembre de 2018 fue encontrado culpable de por lo menos un delito de abuso sexual a menores, en un proceso en el que el tribunal emitió una orden de supresión que evitó la publicación de cualquier detalle del caso, incluido el nombre del procesado y los cargos que se le imputaron.

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