Letrero prohibido Drink and Drive

 

El viernes de la semana pasada se verificó la audiencia del caso presentado en contra de un millonario tabernero de Sídney, Phillip De Angelis, acusado de conducir bajo los efectos del alcohol y usar un teléfono celular. Trasciende la historia porque este hombre estaba bajo orden judicial que le prohibía consumir alcohol y drogas.

Phillip De Angelis, de 39 años, es parte de una acaudalada familia australiana propietaria de bares. En enero de 2019, el juez de Downing Center, Sídney, Phillip Stewart, lo sentenció por violencia en contra de su entonces novia, la socialité Janelle "Nellie" Tilley, a quien agredió, e incluso golpeó, en 2015 y 2016 en la casa que compartían. El juez describió la violencia cometida como “cobarde, vergonzosa, menospreciante y controladora”.

La sentencia que recibió por la violencia cometida fue de detención domiciliaria como parte de una orden correctiva de 18 meses, con la condición de que también usara un brazalete electrónico de monitoreo de ubicación y prestara 300 horas de servicio comunitario. Exitosamente apeló la sentencia respecto de la detención domiciliaria y del brazalete electrónico y en su lugar la Corte de Distrito de Nueva Gales del Sur le ordenó abstenerse tanto de alcohol y drogas durante un periodo de tiempo que termina en septiembre de este año.

El 17 de diciembre de 2019, De Angelis fue detenido por la policía de Sídney por conducir con un teléfono celular en la mano y bajo los efectos del alcohol. Una vez que el análisis de aliento resultó positivo en alcohol, el hombre confesó haber bebido dos jarras de cerveza en un bar.

El viernes pasado se celebró la audiencia de los nuevos cargos de conducir bajo los efectos del alcohol y hacer uso de un teléfono celular mientras conducía, además del incumplimiento de la orden de restricción de alcohol impuesta en marzo de 2019 por la Corte de Distrito.

De Angelis no estuvo presente durante la audiencia, pero a través de su abogada Rebecca McMahon presentó una declaración de culpabilidad. Se fijó como fecha para escuchar sentencia el próximo 11 de marzo.

Si el brazo de la justicia alcanza también a los australianos ricos, Phillip De Angelis irá a prisión, quizá no directamente por los ataques a su exnovia, pero sí por su debilidad de carácter al haber bebido públicamente pese a la orden judicial en su contra. Dicen que la justicia tarda en llegar, pero llega.

Más información smh.co.au

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