Manos de bebé y adulto

 

Un juez de Columbia Británica, Canadá, negó a una mujer el uso del material reproductivo de su esposo fallecido para la procreación de un nuevo hijo debido a que él no manifestó una autorización por escrito.

El caso se presenta respecto de un joven matrimonio de 3 años que al poco tiempo de haber nacido su primera hija, el esposo falleció inesperadamente.

El 3 de octubre de 2018, un día después del fallecimiento del esposo, la esposa se presentó ante el tribunal de Columbia Británica solicitando autorización para que se extrajera del cadáver del esposo material seminal. La solicitud se presentó de emergencia pues este procedimiento médico solo puede ser realizado dentro de las 36 horas posteriores a la muerte.

Antes del fallecimiento el esposo no dejó autorización escrita para que se extrajera material reproductivo tras su fallecimiento. Sin embargo, el juez David Masuhara concedió la autorización para la extracción y posterior almacenamiento del material en un centro de fertilización. Aunado a esta autorización, el juez ordenó la celebración de una audiencia para determinar si el material podía ser usado para procrear otro hijo.

Durante la audiencia la esposa expuso que el esposo, aunque no había consentido por escrito, siempre había manifestado su deseo de tener más hijos y que estaba gozando mucho la paternidad con su primogénita.

Desde el punto de vista legal expuso que la ley para el uso de material reproductivo tiene un vacío y pidió al juez que con ella hiciera una excepción y autorizara una inseminación artificial.

“Mi opinión es que como la mayoría de las jóvenes parejas, no pensaron en esa circunstancia [el uso póstumo de material reproductivo]. Los comentarios atribuidos a [el esposo] respecto de su deseo de una familia más grande y de hermanos para su hija, están en contexto con que él era un participante activo”, consideró el juez Masuhara.

“Bajo las presentes circunstancias legislativas, nuestros legisladores exigen que un individuo formalice su consentimiento informado por escrito si ella o él desean permitir la remoción póstuma de su material reproductivo”, explicó el juez concediendo a la ley vigente su pleno valor.

“Lamentablemente, este no es el caso acá. Dado el precedente, desafortunadamente debo desechar la petición. La orden que autoriza la extracción y almacenamiento del esperma, finaliza”, concluyó el juez otorgando un plazo de 30 días para que la esposa decida si apela la decisión o no.

Un mensaje de texto para algunas legislaciones puede ser autorización suficiente para el uso de este material reproductivo tras la muerte. Este es el caso de un matrimonio en Estados Unidos en el que pocos meses antes de morir, el esposo envió un mensaje de texto a la esposa diciendo que en caso de que falleciera de forma inesperada le extrajeran material genético para tener una hija con ella. Sirviendo como base legal, el material fue extraído y realizada la inseminación, once meses después de fallecido el esposo nació una niña. El resto del material genético sigue almacenado en caso de que la viuda quiera realizarse una segunda inseminación. Este tipo de conversaciones, sin embargo, no son usuales en los matrimonios jóvenes.

Más información vancouversun.com / bbc.com

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