Dos pollitos

 

La semana pasada el Parlamento de Suiza votó de forma simbólica por la prohibición del aplastamiento de pollitos machos en granjas productoras de huevo. Se trató de una votación simbólica porque se trata de una práctica que no se usa en el pequeño país europeo desde hace unos 10 años, matando en su lugar a los animales con CO2.

Se trata de uno de los actos más sanguinarios y, sin embargo, menos comentado, que se cometen en la industria alimentaria, en el que los pollos machos que nacen en las granjas productoras de huevo son inmediatamente colocados en bandas transportadoras que los conducen a una prensa para aplastarlos por su inutilidad para el negocio del huevo. Matarlos con gas no deja de ser cruel, pero se ha considerado un método menos inhumano para los animalitos.

“Esta tendencia de criar especies sólo para la producción de huevos o carne convierte a los animales en simples objetos. Esto ha llevado a prácticas como el aplastamiento de pollitos machos vivos”, notó el comité de la Cámara de Representantes del Parlamento suizo al aprobar la prohibición formal de esta terrible práctica.

La asociación avícola del país, GalloSuisse, aceptó con beneplácito la prohibición, señalando que se trata de una práctica de matanza anticuada que las granjas suizas han dejado de usar desde hace años.

Sin embargo, cada año unos 3 millones de pollitos mueren en cámaras de gas porque se considera que no es redituable criarlos por su inutilidad para la industria del huevo e incluso de la carne. Más del 50 por ciento de los animales sacrificados son procesados como alimento para otros animales, particularmente de zoológicos.

“Estamos trabajando por encontrar otras alternativas”, declaró a los medios Daniel Würgler de GalloSuisse. “Esperamos encontrar las mejores soluciones posibles tomando en consideración todos los aspectos, incluyendo a los consumidores, costos de producción, recursos disponibles, bienestar animal, ética, el ecosistema y demás”.

Aseguró que actualmente existen dos proyectos piloto operando en Suiza. Uno en el que se crían los pollos machos para la producción de carne y el otro que evalúa el uso de los pollos en los mercados del huevo y de la carne. Sin embargo, estos proyectos están en fase experimental porque aparentemente los consumidores no compran carne de pollo de granjas productoras de huevos.

En Alemania, la industria se ha dado a la tarea de encontrar la forma de determinar el sexo antes del nacimiento para evitar el sacrificio de los animales ya sea mediante aplastamiento o asfixia. Así, la empresa Seleggt desarrolló una técnica no invasiva para determinar el sexo del embrión a partir del día siete desde la fertilización de tal forma que los masculinos puedan ser destruidos antes de la eclosión. Se trata de una tecnología que no es ampliamente usada todavía, pero que busca crecer al concientizar a los consumidores que no tienen mucho conocimiento de prácticas usuales en la industria del pollo como las aquí descritas.

Interesante hacer notar que en junio de este año la Corte Federal Administrativa de Alemania, Bundesverwaltungsgericht, máxima instancia en materia administrativa, concluyó que es legal que los productores de huevo y de pollo maten masivamente pollitos masculinos por su inutilidad para la industria, ganando con ello los intereses económicos de la industria, legalizando no sólo la matanza por asfixia sino también por aplastamiento.

Según la organización no gubernamental World Animal Protection, Suiza es uno de los países que mayor protección al bienestar animal ofrece en su legislación.

Más información swissinfo.com

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