Niño llorando

 

Sosteniendo un fallo de un tribunal superior, la Corte Constitucional de Sudáfrica concluyó el 18 de septiembre que es inconstitucional el castigo físico a los niños suprimiendo de esta forma la defensa que los padres acusados de abuso presentaban de que dar nalgadas a sus hijos es un castigo razonable.

El caso llegó a los tribunales por la acusación de abuso presentada a un padre de Johannesburgo por el castigo físico a su hijo de 13 años. Como defensa el padre argumentó que se trataba de un castigo razonable permitido por la ley.

Llegado el caso en 2017 al Tribunal Superior de Gauteng, la condena al padre se sostuvo porque los magistrados concluyeron que la norma que permite el castigo razonable es inconstitucional porque infringe el derecho de los niños a una protección equitativa de la ley, a la dignidad, una vida libre de cualquier tipo de violencia y degradación, a la integridad física y psicológica y el derecho del niño de no ser discriminado por su edad.

Por el impacto que esta sentencia tuvo en la sociedad, la organización religiosa Freedom of Religion SA (FOR SA), presentó una apelación señalando que actuaba en el interés público a nombre de aquellos “que creen que las escrituras y otros escritos santos permiten, si no ordenan, la corrección razonable y apropiada de los hijos”. Así, sostenían su caso en el derecho de los padres de decidir por ellos lo que es en el mejor interés de sus hijos, en eco de la frase que diversas organización emplean de “mi hijo, mi decisión”, como si se tratara de una propiedad.

En oposición a la organización apelante, se presentaron las organizaciones a favor de los derechos humanos Children’s Institute, Quaker Peace Centre y Sonke Gender Justice, representadas por el Centre for Child Law.

En los documentos remitidos al Tribunal, Centre for Child Law expuso que en lugar del castigo físico a los niños se debía intentar una “paternidad positiva” y que en Sudáfrica se estaba viviendo un cambio de la sociedad hacia medios no violentos para corregir el mal comportamiento de los menores.

“El objetivo es desarrollar un espíritu o una convicción interna en el niño que asegure que se portarán bien aún si los padres no están presentes. Construye sentimientos de confianza y asertividad en lugar de sentimientos de impotencia y humillación”, se expuso.

La semana pasada la Corte Constitucional, máxima instancia judicial, sostuvo la sentencia del Tribunal Superior de Gauteng con lo que se declara la inconstitucionalidad de la disposición que permitía como castigo razonable el castigo físico a los niños como nalgadas y bofetadas.

Se trata de una decisión que se presenta en un momento en que el país africano está viviendo un incremento en la violencia hacia niños y mujeres y que, por su trascendencia, no ha dejado de ser analizada y debatida por los medios y organizaciones sociales.

Pese a la polémica, Sudáfrica es otro país que se mueve hacia la prohibición del castigo físico a los niños, una política que organizaciones como UNICEF han estado impulsando en el mundo y que varios países han seguido, particularmente en Europa.

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