Mazo judicial

 

La semana pasada se efectuaron los tres días de audiencias ante la Corte de Apelaciones de Vancouver, Canadá, respecto del caso de un niño de 14 años que está en transición de mujer a hombre y cuyo padre se opone al tratamiento hormonal. Se trata de un complicado caso que ha puesto a debate los derechos de los padres, los tratamientos hormonales en menores de edad y la libertad de expresión.

En el caso, el niño, que por razones legales no puede ser identificado como tampoco sus padres ni expertos que testifiquen, a los 11 se empezó a identificar como hombre. Sufrió una pubertad depresiva e incluso tuvo un intento de suicidio hasta que el año pasado fue referido al Hospital Infantil de Columbia Británica para tratar su disforia de género. Los médicos tratantes concluyeron que era en el mejor interés del adolescente empezar el tratamiento hormonal para el cambio de género, tratamiento con el que estuvieron de acuerdo el niño y su madre.

El padre, pese a haber sido convocado por el personal médico para explicarle la situación y tratar de involucrarlo, se opuso desde el inicio y presentó una acción legal para tratar de impedirlo, pero en febrero de este año, el juez Gregory Bowden concluyó que el niño tenía “el derecho exclusivo” de consentir al tratamiento. En su sentencia, el juez Bowden no sólo permitió que el tratamiento continuara, sino que ordenó que para referirse a él se usaran pronombres masculinos y que cualquier intento de persuadirlo de abandonar el tratamiento o hacer referencia a él usando su nombre de nacimiento o pronombres femeninos, “sería considerado violencia familiar”, conforme con la legislación vigente en la provincia canadiense.

En un caso separado, en abril, la juez Francesca Marzari emitió una orden de restricción al padre para evitar que discutiera públicamente el caso de su hijo puesto que se encontró que las entrevistas que el padre había concedido a medios conservadores habían expuesto a su hijo a situaciones de acoso y violencia.

Con apoyo de grupos conservadores, el padre apeló la sentencia de primera instancia y es respecto de este procedimiento que se sostuvieron las audiencias la semana pasada. El padre sostiene en la apelación que el juzgado de primera instancia se apresuró en su decisión sin haber considerado todas las opiniones científicas sobre estos tratamientos y que una persona de la edad de su hijo es incapaz de apreciar todas las consecuencias de un “aún tratamiento experimental”. Además, dijo, que la prohibición de hablar públicamente de su hijo es violatoria de su libertad de expresión.

“Es verdaderamente difícil explicar a cualquiera que no es transgénero lo horrible que se siente tener un cuerpo que no compagina con tu género… Algunas veces siento que quiero arrancarme la piel”, leyó de una carta escrita por el adolescente al tribunal la abogada que representa los intereses del menor, Barbara Findlay, durante la audiencia del 5 de septiembre. En esta carta, el joven explica que desde que inició el tratamiento de hormonas se siente mucho más cómodo con su cuerpo, aunque aún enfrenta episodios depresivos. “Cuando me miro en el espejo, veo quien soy… es asombroso sentirse normal”, declara el adolescente.

Cuando la magistrada Barbara Fisher preguntó si consideraba que los actos del padre respecto del tratamiento del hijo podían considerarse violencia familiar, la abogada Findlay respondió que la insistencia del padre de que el niño sea quien no es, equivale a coerción e intimidación.

“Para una persona transgénero, el que el mundo rechace aceptar la identidad de género que dices que eres es el daño más profundo porque es una negación de tu identidad humana”, declaró la abogada Findlay, agregando que “la expresión de los derechos del padre termina en el punto que lastima” a su hijo.

Cuando el magistrado Harvey Groberman cuestionó la restricción impuesta al padre para discutir públicamente el tema de su hijo y si era excesivamente restrictiva de su libertad de expresión, la abogada Jessica Lithwick, que representa los intereses de la madre, respondió que es un tema muy complicado que debe resolverse tomando en cuenta la forma en que el padre se ha comportado en el pasado con “una sorprendente falta de discreción y consideración hacia [el niño]”.

“En realidad no quiero ver a mi papá ahora porque él sólo quiere acosarme porque soy trans”, leyó la abogada Lithwick un extracto de la carta escrita por el adolescente y añadió que el niño “está angustiado por el desajuste entre su cuerpo y quién realmente es” y que “parte de eso es cómo el mundo lo recibe, siendo su papá una gran parte de ese mundo”.

El proceso continúa.

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