Equipo de reanimación de vida

 

El pasado 29 de junio la Corte de Casación de Francia, máxima instancia judicial, con una conclusión que no entró al fondo del asunto, decidió a favor de médicos de un hospital y de la esposa de un paciente de desconectarlo de las máquinas que lo mantienen vivo.

Francia no acepta la eutanasia activa ni el suicidio asistido como lo hacen Bélgica, Suiza y los Países Bajos. Sin embargo, desde 2005 está vigente una ley, conocida como Ley Leonetti, que permite a los médicos, con la anuencia del paciente o de sus familiares, terminar los tratamientos si se consideran que son innecesarios o desproporcionados.

En el caso que había estado en litigio desde 2014, Vincent Lambert, un enfermero psiquiátrico, sufrió un accidente de tráfico en 2008 en el que quedó cuadripléjico y con una severa lesión cerebral que lo dejó en estado vegetativo. Desde entonces ha recibido asistencia nutrimental e hidratación de forma mecánica en un hospital de la ciudad francesa de Reims.

En 2014, los médicos, con la anuencia de Rachel, esposa de Vincent, tomaron la decisión de desconectar al paciente de las máquinas que le dan el soporte de vida. Sin embargo, a esta decisión se opusieron los padres de Vincent, fervientes católicos, y dos de sus hermanos. La diferencia de opiniones fue llevada a los tribunales.

Con fundamento en la ley, los tribunales apoyaron la decisión de la esposa de Vincent y de sus médicos, incluido el Consejo de Estado, máxima instancia administrativa. Los padres incluso llevaron el caso ante la Corte Europea de Derechos Humanos la que en mayo de este año rechazó la apelación, dejando la puerta abierta a la eutanasia pasiva.

La única instancia que pidió tiempo para revisar el caso fue el comité de personas con discapacidad de la ONU que pidió seis meses al gobierno francés para analizar la situación. El gobierno respondió que, aunque no hay obligación legal de sujetarse a esta petición, la tomarían en consideración.

Finalmente, el día en que Vincent iba a ser desconectado, los padres acudieron a otro tribunal en París para pedir más tiempo y ese tribunal lo concedió, ordenando que se detuvieran los procedimientos para poner fin al tratamiento que manteía con vida a Vincent de 42 años.

La semana pasada, la decisión fue revisada por la Corte de Casación, máxima instancia, la que no revisó la legalidad de la eutanasia pasiva, sino la jurisdicción del tribunal de menor instancia para decidir sobre el caso y al concluir que no la tiene, se desechó esa decisión manteniendo la posibilidad de la terminación del tratamiento.

“Esto definitivamente termina el asunto”, declaró a los medios el abogado Patrice Spinosi, representante legal de la esposa de Lambert. “No hay otro recurso posible porque no hay más jueces a los que apelar”.

Con esta decisión se puso fin a una batalla de más de cinco años que no solo dividió a la familia Lambert (con seis hermanos apoyando a Rachel), sino a un país y en el que manifestaron opinión varias personas incluido el papa Francisco. Así, los médicos del hospital de Reims anunciaron el pasado martes que se iniciaba el protocolo para dar por finalizado el tratamiento que mantuvo más de diez años a este hombre respirando.

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