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Amapola

 

El día de ayer inició en Oklahoma, Estados Unidos, el primer juicio contra los fabricantes de medicamentos analgésicos, acusados de haber alimentado la crisis de sobredosis de opioides. El acusado es Johnson & Johnson, más conocido por su talco para bebés que por los medicamentos contra el dolor vendidos por su filial Janssen.

Esta compañía es la única que no alcanzó un acuerdo amistoso con el fiscal de Oklahoma para evitar una demanda.

El laboratorio Purdue Pharma, que se convirtió en el enemigo número uno en la crisis de los opioides por fabricar el medicamento Oxycontin, llegó a un acuerdo amistoso en marzo con las autoridades del estado al aceptar desembolsar 270 millones de dólares. El laboratorio israelí Teva hizo lo propio este fin de semana y acordó pagar 85 millones de dólares.

El fiscal general de Oklahoma, Mike Hunter, está enfrentando a Johnson & Johnson por los opioides, afirmando que la compañía actuó como un “capo de la droga”, creando una “molestia pública” que costó miles de millones de dólares al estado y destruyó miles de vidas.

Johnson & Johnson y su compañía subsidiaria, Janssen Pharmaceuticals, han negado enérgicamente las acusaciones y han dicho que se está abusando del cargo de “molestia pública”.

“Nuestras acciones en la comercialización y promoción de estos importantes medicamentos recetados para el dolor fueron apropiadas y responsables. Las etiquetas aprobadas por la FDA para estos medicamentos recetados proporcionan información clara sobre sus riesgos y beneficios. Las acusaciones contra nuestra empresa son infundadas y no están demostradas”.

Johnson & Johnson quiere probar que no ha minimizado deliberadamente los riesgos de dependencia de sus medicamentos opiáceos, ni presionó para que se prescribieran excesivamente, mientras está acusado de haber contribuido a la muerte de unas 400 mil personas por sobredosis en Estados Unidos desde hace 20 años.

El abogado del laboratorio, Larry Ottaway, dijo en sus argumentos de apertura que si la compañía declaró a fines de la década de 1990 que los opiáceos eran "raramente adictivos", fue porque la agencia de medicamentos de Estados Unidos, la FDA, suscribía esa apreciación.

Pero el fiscal general de Oklahoma, Mike Hunter, acusó al laboratorio de actuar por "avaricia", presentando de manera "cínica y engañosa" los opioides como un "medicamento mágico" contra el dolor.

Entre los documentos confidenciales que la farmacéutica presentó durante la fase de descubrimiento del caso y que se han hecho públicos, se destaca que produjo narcóticos crudos en los campos de amapola de Tasmania y creó otros opioides activos para luego suministrarlos a otros fabricantes de opioides, entre ellos Purdue Pharma.

Johnson & Jonhson presumía también de su capacidad para hacer que las personas se volvieran adictas a los productos, al alabar los resultados de sus experimentos que le permitieron desarrollar amapolas de opio con el contenido de morfina más alto del mundo.

De igual forma, la compañía también financió algunas actividades de defensa a favor de los opioides, el informe hace mención a grupos que hicieron afirmaciones en la publicidad dirigida a las personas mayores en las que se decía que “los opioides rara vez son adictivos”.

Este juicio ha sido comparado con los juicios contra las tabacaleras y que concluyeron con un acuerdo por 200 mil millones de dólares en 1998. También debería sentar un precedente ya que cerca de 2 mil demandas se han presentado a nivel federal, supervisadas por un juez de Ohio, y cientos a nivel de los estados, incluyendo Nueva York y Massachusetts.

Más información cnnespanol.cnn.com

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