La democracia es mal aplicada muchas veces y mediante una ley o su absurda interpretación, se llega a dictaduras disfrazadas de democracia. En México conocemos bien el caso.

 

Tailandia es otro ejemplo de estas dizque democracias. A raíz de la presentación del primer Ministro, Samak Sundaravej, en un inocente programa de cocina, me imagino que algo así como Chepina Peralta o el Chef Oropeza, fue obligado a dimitir junto con todo su gabinete, ya que el poder judicial lo acusó de haber violado seriamente la Constitución de su país.

 

¿Cuál es la razón? Haber recibido dinero de la iniciativa privada por cortar calabacitas en la tele.

 

El primer Ministro alega que no recibió dinero por su presentación, pero la Corte Constitucional, con voto unánime, declaró que fue empleado de una empresa privada y que eso es inconstitucional ya que los funcionarios públicos tienen prohibido recibir sueldo de empresas privadas.

 

Samak ha enfrentado una dura oposición de la clase media de Tailandia, ya que él llegó al poder por el voto rural y de las clases desfavorecidas. Y este nuevo problema es una gota más en un vaso de agua bastante lleno, ya que también es acusado de difamación, por lo cual está en juicio y uno de los militantes de su partido ha sido acusado de comprar votos.

 

El poder legislativo de Tailandia, dos días después de esta forzosa dimisión, votó hoy por elegirlo nuevamente Primer Ministro, tras algunos disturbios que se presentaron.

 

Semejante lío por un programa de cocina. Esa Corte Constitucional ya habría cortado varias cabezas en México, como la de Luis Pazos, presidente de Condusef, quien tiene otra chamba en TV Azteca como comentarista.

 Fuente Bloomberg.com 

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