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Avioneta accidentada en rueda de la fortuna

 

Una joven de 21 años ha presentado una demanda en contra del consejo de la ciudad de Greater Taree, Australia, por un accidente que ocurrió cuando tenía 13 años y un avión ligero se impactó en la rueda de la fortuna en que estaba con su hermano.

Los hechos ocurrieron en octubre de 2011 cuando Amber Christine Arndell, la demandante de entonces 13 años, filmaba desde lo alto de una cabina de la rueda de fortuna instalada en un predio adyacente a una pista de aterrizaje. Acompañada de su hermano menor, vio a una avioneta que se aproximaba y empezó a gritar “se va a estrellar”, poco antes de que la aeronave impactara en contra del juego mecánico, a escasos metros del sitio donde los niños estaban.

Después del impacto, tanto los niños como el piloto del avión y su acompañante estuvieron esperando a ser rescatados. En el video se escucha al hermano de Amber gritar por su mamá y a ella pedir ayuda mientras trataba de calmar al pequeño.

Amber Christine está demandando al consejo de la ciudad como responsable de la seguridad de la feria, así como al piloto de la avioneta Cheetah Sierra 200, Paul Clarendon Cox. En su demanda el abogado que representa a la joven explica que ella sufre de daños psicológicos a consecuencia del accidente.

El consejo de la ciudad también está siendo demandado por el piloto del avión, quien expone que fueron negligentes en varios sentidos, el primero de ellos al no haber cerrado la pista de aterrizaje adyacente pese a saber que la posición en que habían colocado la rueda de la fortuna interferiría con el vuelo de naves.

Además, explica que no previeron que la posición de la estructura metálica y su altura interferiría, en efecto, con el vuelo de las aeronaves.

Paul Clarendon Cox expone que, a pesar de no haber resultado con lesiones físicas del accidente, sufre estrés postraumático, fobia específica y depresión, lo que incluye pesadillas recurrentes y el rechazo a todo lo relacionado con aviones. En la acción legal se expone que sufre de miedo a objetos puntiagudos que en su peor faceta lo dejaron “con miedo de que un bolígrafo le ocasione daño” o de lastimarse los dedos con la pantalla de su teléfono celular.

Ambos procesos han iniciado ante un juzgado del poder judicial de Nueva Gales del Sur y aun no se llega a una resolución.

Más información smh.co.au

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Imagen de newaspi.co.au

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