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Reja con candado y cadena

 

Ha trascendido la noticia de Gulnara Karimova, hija del expresidente de Uzbekistán, ha sido puesta en prisión por haber violado los términos de su arresto domiciliario. Se trata de un caso que deja muchas preguntas abiertas sobre una persona que en un momento detentó un gran poder en la república localizada en Asia Central.

Gulnara Karimova es la hija mayor de Islam Karimov quien gobernó Uzbekistán desde su separación de la ex Unión Soviética en 1991 hasta su muerte en 2016. Durante años Gulnara fue mano derecha de su padre y se desempeñó como embajadora de su país ante la ONU. Además, fue empresaria, diseñadora de modas y cantante pop bajo el pseudónimo de GooGoo’sha. En 2014 tuvo una fuerte discusión con su padre y desapareció de la esfera pública de tal forma que se llegó a creer que estaba muerta.

Tras su detención esta semana por la policía uzbeka, según documentó su hija Imán en redes sociales, se sabe que ella estaba cumpliendo sentencia en su domicilio tras haber sido procesada y encontrada culpable en 2017 por lavado de dinero y malversación, pero se desconoce cuándo se siguió ese proceso o dónde.

Durante sus años de “éxito” empresarial, Karimova fue investigada en Suecia y en Suiza por lavado de dinero. La investigación en Suecia inició en 2012 por su presunta vinculación a la entrega de sobornos de la compañía sueca de telecomunicaciones TeliaSonera a una empresa intermediaria, Takilant, para asegurar los derechos de licencia y frecuencias de la telefonía 3G en Uzbekistán. En Suiza la fiscalía conjeturó que Karimova pudo cometer delitos financieros usando su inmunidad diplomática mientras fungió como embajadora de su país ante la ONU en Ginebra.

En 2011, durante la celebración de la Semana de la Moda en Nueva York, diferentes activistas pidieron la cancelación del desfile de su empresa de modas Guli por la explotación de niños cada año en la cosecha del algodón. En ese entonces Gulnara Karimova se describía como “uno de los rostros jóvenes más prominentes de Uzbekistán”.

Antes de la disputa con su padre, Gulnara Karimova, de 46 años, era percibida como heredera del poder en Uzbekistán.

La poca transparencia de su proceso nos deja intuir que existen violaciones a los derechos humanos de esta mujer. Sin embargo, no es probable que alguna organización de derechos humanos alce la voz para proteger a quien alguna vez fue acusada de pisotear los derechos de sus connacionales.

Más información theguardian.com

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