Manos lavando la cabeza de un hombre

Esta semana, el salón de belleza Headmasters, ubicado en Brighton, Inglaterra, llegó a un acuerdo extrajudicial con un cliente, Dave Tyler, a quien pagarán 90,000 libras esterlinas como compensación por el daño neurológico que sufrió en 2011 por lo que se conoce como el síndrome del salón de belleza.

El síndrome del salón de belleza fue acuñado por primera vez en el Journal of the Medical Association en 1993 por el doctor Michael Weintraub después de que revisara el caso de cinco mujeres que desarrollaron serios síntomas neurológicos después de que sus cabezas habían sido lavadas en salones de belleza. Los expertos señalan que, en un reducido número de veces, el tener la cabeza reclinada sin la protección adecuada sobre la tina para lavar el cabello puede generar la ruptura de una arteria, bloqueado o reduciendo el flujo de sangre lo que puede llegar a ocasionar un infarto al cerebro. Los síntomas pueden incluir mareos, pérdida de equilibrio y adormecimiento facial.

En el caso inglés, el ingeniero de sonido Dave Tyler fue a Headmasters para un corte de cabello en 2011. Dos días después tuvo que ser ingresado a un hospital en Londres tras sufrir un infarto al cerebro que lo retuvo tres meses en la clínica. Después de años de terapia ha recuperado la movilidad y el habla, pero su recuperación no ha sido completa.

Tras haberse enterado que el daño fue ocasionado por la forma en que le lavaron la cabeza, sin una adecuada protección en el cuello, Dave Tyler, de 45 años, decidió presentar acción legal contra el mencionado salón de belleza.

Febrero fue el mes fijado para que dieran inicio las actuaciones judiciales, pero ese proceso ya no se llevará a cabo tras haberse llegado al acuerdo según el cual el salón compensará a Tyler con 90,000 libras esterlinas.

Se trata de un caso no frecuente y de un síndrome que muchos estilistas o peluqueros desconocen, aún en Inglaterra donde, al igual que en los Estados Unidos, se necesita una licencia expedida por el estado para ejercer el oficio. Tratándose de quienes lavan el cabello, sin embargo, no se necesita certificado especial.

La próxima vez que vayas al salón de belleza, toma en cuenta que la única forma de llegar al hospital no es a través de las severas reacciones alérgicas que los tintes de cabello pueden ocasionar, sino también debido a un “shampoo” en el que el cuello no esté bien protegido ni la cabeza a la debida altura y, para mayor mal, en bruscas manos que solo pretenden acabar pronto con la faena encomendada.

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