Manos en teclado de computadora

En Córdoba, Argentina, un hombre de 36 años será el primer procesado en ese estado por el delito de acoso sexual a menores de edad con el uso de medios electrónicos, conocido popularmente como child grooming, al habérsele negado la suspensión del juicio a prueba a petición del fiscal.

El imputado se llama Marcos José Dávila quien ha sido acusado de haber hecho contacto con una adolescente de 14 años de edad usando un perfil falso en la red y tras haber obtenido fotografías de ella desnuda, haberla amenazado con difundirlas en la red si no seguía en contacto con él.

Dávila ha estado detenido durante dos años y está formalmente acusado de child grooming, de publicación o distribución de imágenes pornográficas de menores de 18 años y de coacción calificada reiterada, delitos por los que enfrentará juicio oral.

La defensa de Dávila había ofrecido como reparación del daño cinco pagos de mil pesos a la familia de la adolescente víctima de sus delitos, pero el fiscal se opuso a este acuerdo y el juez de la Cámara del Crimen de 1ª Nominación de Córdoba le negó la suspensión del juicio a prueba por lo que procede el juicio oral. La suspensión del juicio a prueba es una alternativa prevista en el Código Penal de Argentina para evitar condenas de prisión.

El fiscal del caso, Marcelo Altamirano, fundamentó el rechazo a la suspensión del juicio a prueba aduciendo que, de ser encontrado culpable, seguramente le corresponderá una pena de prisión efectiva, además de que se trata de un particular delito contra la integridad sexual.

“Este tipo de delito (child grooming) –incorporado al Código Penal en diciembre de 2013, en el artículo 131– es un flagelo de magnitud inconmensurable por la extrema vulnerabilidad de los niños, niñas y adolescentes que operan en la era cibernética, y por la impunidad con la que pretenden actuar los depredadores sexuales mediante la máscara con la que actúan detrás de una computadora”, explicó el fiscal.

El mencionado artículo 131 dispone que “será penado con prisión de seis (6) meses a cuatro (4) años el que, por medio de comunicaciones electrónicas, telecomunicaciones o cualquier otra tecnología de transmisión de datos, contactare a una persona menor de edad, con el propósito de cometer cualquier delito contra la integridad sexual de la misma”.

El grooming es un delito que ha ido en aumento como lo explicó al diario argentino Día a Día, la fiscal Daniela Despuy: “Las denuncias por distribución de pornografía y grooming representan el 85% de los casos que recibimos en la fiscalía especializada en cibercrimen de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”.

“Ya tenemos el artículo 131 del Código Penal para sancionar este delito, pero cuando se denuncia casi siempre han pasado ya meses de un niño sometido al poder del groomer, con consecuencias emocionales y psicofísicas muy graves”, declaró la fiscal.

“El acosador virtual de menores se mueve con dos finalidades: satisfacer sus propias necesidades libidinosas, o introducir el material que consiguió en redes de pornografía infantil que tienen alcance internacional”, explicó, y señaló que esta es la razón por la cual en la mayoría de los casos el grooming va acompañado de otros delitos.

La fiscal señaló que la investigación de este tipo de delitos cibernéticos no solo requiere de equipo altamente especializado. “Tenemos códigos procesales que no están adaptados a las nuevas tecnologías y a las características propias de la recolección de evidencia digital –el equivalente a la prueba física en los delitos comunes–, y necesitamos reformas para que estas pruebas estén legitimadas al momento del juicio”.

“Otra dificultad que tenemos es la falta de colaboración de las empresas proveedoras como Google, Facebook, Microsoft, porque no tienen regulada una política de respuesta a organismo judiciales, cuando lo que necesitamos es un vínculo más profundo con ellas”, concluyó Daniela Dupuy.

Las consecuencias de este tipo de delitos son graves para las víctimas que, de acuerdo con los especialistas, pueden mostrar síntomas de ansiedad, depresión, estrés, miedo e indefensión. Por ello es importante mantener protegidos a niños y adolescentes mientras navegan en la red, no prohibiéndoles el acceso, sino acompañándolos y enseñándoles a cuidar de su información privada.

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