Mezcladora de música

Gracias al caso que el abogado japonés Motonobu Ishigaki tomó para defender al propietario de un club nocturno acusado de incumplir la ley porque sus clientes “ingerían alcohol mientras bailaban con música fuerte y luces tenues”, su gusto por el break-dance regresó y ahora como bailarín activo y abogado, se dedica “a pagar la deuda con las personas involucradas con la danza”.

El caso que el abogado Ishigaki presentó fue definitivo para que la arcaica ley que estaba vigente en Japón desde 1948, que limitaba el baile en clubes nocturnos y otros centros de entretenimiento, fuera reformada para suavizar sus disposiciones.

La finalidad de la ley de 1948 era evitar el fomento de la prostitución para lo cual disponía que los establecimientos comerciales como clubes nocturnos, bares, salas de pachinko o de juego, y burdeles, solicitaran autorización a las autoridades para permitir el baile. Pero los establecimientos que eran autorizados para bailar, estaban sujetos a estrictos controles, teniendo que cerrar antes de la medianoche y en ciertos días festivos, por lo que difícilmente alguien buscaba tal permiso.

Por quebrantar esta ley, en 2014 se presentaron cargos en contra de Masatoshi Kanemitsu, quien fue dueño de un club nocturno en Osaka entre 2004 y 2012, acusado por la fiscalía porque sus clientes “ingerían alcohol mientras bailaban con música fuerte y luces tenues”, lo que conforme a la ley mencionada los llevaba a “bailar hedonísticamente y a quebrantar la moralidad sexual”. Se trató de un caso que llegó a la Suprema Corte, instancia que en junio de este año confirmó una sentencia de la Corte de Distrito de Osaka en la que el juez concluyó que no había evidencia de que el club nocturno ofreciera servicios que llevaran a “conductas indecentes”.

Gracias a la presión social ejercida por este caso, la ley fue revisada y reformada y desde el pasado 23 de junio se permite que clubes y discotecas permanezcan abiertas hasta las cinco de la mañana, siempre que no se sirvan bebidas alcohólicas y no permitan la estancia de menores de 18 años después de las diez de la noche, entre otras disposiciones que regulan incluso la intensidad de la luz interior.

El abogado Ishigaki tuvo contacto con el break-dance en 1998 mientras estudiaba el tercer año de Derecho en la Universidad Ritsumeikan. Tras apreciar su gusto por este tipo de danza, decidió unirse a uno de los grupos más populares de break-dance en su región, lo que lo llevó incluso a participar en competencias internacionales.

Siendo instructor de danza, reflexionó si era eso lo que deseaba hacer y recordando que había querido contribuir a crear una sociedad en la que todos pudieran expresarse, decidió presentar su examen ante el Colegio de Abogados, el cual aprobó en 2010.

Cuando el caso del baile llegó a tribunales, el abogado Ishigaki ofreció sus servicios profesionales para la defensa, obteniendo la victoria antes señalada.

Ahora ha retomado su gusto por la danza por lo que en su rutina ha incorporado una hora de baile en un gimnasio antes de ir a la oficina, además de practicar una noche a la semana con bailarines más jóvenes.

Para él, fue la disciplina de la danza la que le ayudó a pasar el examen del Colegio de Abogados y ahora conjunta sus dos pasiones, especializando su práctica profesional en la defensa de casos en que el baile es un factor.

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