Melissa Ferrick, cantante de indie-folk, que da clases en el Berklee College of Music y que abrió los conciertos de  Morrissey en 1991, demandó a Spotify por distribuir su música sin su autorización.

En la demanda se establece que Spotify está obligado por la ley a notificar con 30 días de anticipación a cada titular de derechos de autor sobre la intención de distribuir una obra. No sólo a los titulares de la grabación sino a los compositores de la letra y música y a los editores.

Pero la empresa, al igual que otros servicios de música en línea, ha optado por "una estrategia que ya es común: violar los derechos de autor ahora y disculparse después".

Ferrick afirma que sus canciones han sido escuchadas más de un millón de veces en los últimos tres años, pero que Spotify no ha generado los derechos de autor que debía haberle recaudado. La cantante pretende que su demanda se convierta en una acción colectiva en la que diversos autores reclamen más de 200 millones de dólares a cuenta de las regalías por su música.

Los expertos han acusado a Spotify de carecer de sistemas adecuados para pagar a los compositores y editores las regalías que les corresponden. El mes pasado Spotify dijo que está invirtiendo en un sistema integral para resolver el problema.

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