Libro cerrado

El pasado 26 de junio, en la Biblioteca Británica en Londres, se efectuó la jornada titulada Written Heritage of Mankind in Peril: Theft, Retrieval, Sale and Restitution of Rare Books, Maps and Manuscripts, Patrimonio escrito de la humanidad en peligro: robo, recuperación, venta y restitución de libros antiguos, mapas y manuscritos, en la que se discutió el problema del aumento de robos de bibliotecas y librerías.

El evento estuvo organizado en colaboración con el Instituto Británico de Arte y Derecho y la Comisión Legal sobre Arte de la Asociación Internacional de Abogados y reunió a libreros, anticuarios, comerciantes de libros, casas de subastas y abogados.

El problema del robo de libros raros, antiguos e incunables es un creciente problema global debido a que los objetos son fácilmente transportados y al hecho de que muchas bibliotecas y librerías carecen de catálogos de sus grandes colecciones, muchas de ellas ensambladas siglos atrás.

Así, durante la conferencia se hizo referencia a la declaración de la Bibliothèque Nationale de Francia que anunció que varios grabados de Brueghel de los siglos XVI y XVII así como atlas de entre los siglos XVI y XVIII fueron robados dos semanas antes de esta conferencia.

El hecho de que la Biblioteca Nacional haya hecho el anuncio público sobre el robo fue loado por los asistentes a la conferencia pues señalan que generalmente no se hacen estos anuncios por vergüenza ya que un robo puede suponer fallas en el sistema de seguridad. “Decir que fue un asunto de seguridad es un poco como culpar a la víctima”, dijo la abogada Sharon Cohen Levin de la firma de abogados WilmerHale.

Margaret Lane Ford, directora internacional de subastas de libros y manuscritos de Christie’s, recordó que los más grandes robos de los pasados 15 años fueron perpetrados por empleados y citó tres casos entre ellos el de la Biblioteca Girolamini de Nápoles, Italia, en el que el ex director Massimo de Caro fue sentenciado a siete años de prisión y a la inhabilitación permanente de cargos en el servicio público, por el desfalco de miles de libros de esta biblioteca, una de las más antiguas y ricas de Italia.

Los otros dos casos fueron el de la Biblioteca Nacional de Suecia y la Biblioteca Real de Dinamarca, perpetrados también por sus respectivos directores.

Stephan Loewentheil, propietario de un importante establecimiento de libros y fotografías antiguas en Brooklyn, Nueva York, dijo que era necesario implementar un sistema de vigilancia en el comercio de estos libros señalando que debía existir diligencia en la revisión de la procedencia de los libros al no ignorar señales de robo como la remoción de las marcas de los propietarios. “Frecuentemente veo cortes circulares en las páginas de los títulos de los libros. ¿Debemos simplemente asumir que fueron atacados por un láser del espacio exterior?”

También señaló que los altos precios de estos libros en las subastas pueden ser indicativo de que no hubo esta revisión adecuada.

El librero Loewentheil fue factor clave en la recuperación de libros de la Biblioteca Nacional de Suecia pues cuando detectó que algunos de sus clientes tenían los libros robados, los compró y luego los donó de regreso a la Biblioteca.

Más información Theartnewspaper.com

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