Nuevos trapos sucios han salido a relucir respecto de la familia real del Reino de los Países Bajos y el controvertido príncipe Bernhard, abuelo del actual rey Guillermo Alejandro, sobre la venta ilegal de una bandeja Fabergé que pertenecía a su esposa la reina Juliana, madre de la reina Beatriz, quien abdicó el año pasado a favor de su primogénito.

El príncipe Bernahrd de Lippe fue un personaje muy controvertido cuya vida incluso fue llevada a la pantalla chica por una productora danesa. Y si bien para muchos al final fue una persona muy carismática hay quienes no olvidan su inclinación hacia el partido nazi o el haber aceptado un soborno por un millón de dólares de la empresa de aviones militares Lockheed Corporation, delito que en su lecho de muerte aceptó haber cometido aunque declaró que el dinero lo destinó al World Wildlife Fund, fondo a favor de la naturaleza que ayudó a cofundar.

Falleció en 2004 a los 93 años víctima del cáncer pero su vida ha seguido siendo investigada, analizada y documentada.

Y así, el último escándalo lo está exponiendo en la revista Royalty, especializada en la realeza, el experto en joyas Erik Schoonhoven, quien declaró que su investigación le ha llevado a concluir que el príncipe vendió la bandeja Fabergé en 1963 a un joyero londinense y se embolsó el dinero.

La bandeja fue obsequiada a la abuela de la reina Beatriz, la reina Guillermina, en 1901 por la comunidad de San Petersburgo tras su matrimonio con el duque Enrique. La bandeja fue heredada a la reina Juliana, primogénita del matrimonio. El experto en joyas sostiene que el príncipe Bernhard no tenía derechos sobre la joya pues estaba casado por separación de bienes y la bandeja fue un regalo de su madre a la reina Juliana.

De acuerdo con este experto, la bandeja se mantuvo registrada en los archivos reales, pero fue listada inesperadamente en 1974 en una subasta de la casa Christie’s. Declara que se trata de una joya con un alto valor por varios millones de euros, sin precisar una cantidad.

Si el príncipe Bernhard cometió este otro delito, no lo confesó en su lecho de muerte y lo más probable es que pase a ser una anécdota más sobre su peculiar estilo de vida y sea otro misterio que historiadores y expertos pasen algún rato queriendo demostrar o refutar.

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