La novela Matar a un Ruiseñor (To Kill a Mockingbird) de Harper Lee fue un éxito inmediato cuando se editó por primera vez en 1960, haciéndose merecedora de un  premio Pullitzer en 1961, y desde entonces la novela no se ha dejado de publicar.

 

A más de 50 años de su publicación, la obra vuelve  a ser noticia en los medios por el conflicto en que se encuentran inmersos la autora Harper Lee y su exagente Samuel Pinkus.

 

En la demanda se señala que Samuel Pinkus participó en un plan para engañar a Harper Lee, de 87 años, para que asignara los derechos de autor de su valioso libro a una compañía de Pinkus llamada Veritas Media, por al menos cinco años.

 

Lee afirma que no recuerda ninguna conversación con Pinkus sobre la transferencia de los derechos de autor, o haber firmado un documento para hacerlo, según documentos de la corte. En la demanda se destaca también que desde hace quince años Harper Lee tienen serios problemas auditivos y visuales que incluso le impiden leer documentos si estos no se le presentan con letra de un tamaño considerable.

 

La demanda señala que virtualmente desde que se publicó el libro, la agencia Mackintosh and Otis ha sido el agente literario de la autora. En 2002 el socio principal de la firma, Eugene Winick, cayó enfermo y su yerno Pinkus desvió a varios de los clientes de la agencia a una compañía de su propiedad Veritas Media, Inc., incluyendo a Harper Lee.

 

En mayo de 2007 Pinkus hizo que Harper Lee firmara un acuerdo de cesión de derechos que incluía una cláusula en los siguientes términos: “Todo el interés sobre los derechos de autor en la novela Matar a un Ruiseñor incluidos, por ejemplo, cualquier derecho de terminación respecto a cualquier contrato, derecho de autor, o cualquier otro en el que esté o me encuentre involucrada, incluyendo también explícitamente el derecho de terminación o de relincenciamiento de películas, por ejemplo la protagonizada por Gregory Peck,  basadas en la novela antes mencionada en los que este o pueda llegar a estar involucrada”.

 

La demanda señala que Pinkus realizó esta operación como parte de un plan para protegerse a si mismo de las obligaciones legales que un laudo le impuso en su disputa con Mackintosh and Otis, por la cartera de clientes que se llevó.

 

Los representantes de Lee describen en la demanda una enredada trama de empresas fantasma y maniobras que Pinkus realizó para conservar los derechos de autor de Harper Lee y cobrar comisiones, llegando incluso a alterar documentos legales.

 

Finalmente, después de un largo conflicto extrajudicial con Pinkus, éste regresó en abril de 2012 a Harper Lee los derechos de autor sobre Matar a un Ruiseñor, pero en el acuerdo incluyó una cláusula que establecía que ni él o sus compañías obtuvieron un beneficio por la explotación de estos derechos, cuando en realidad cobró comisión por los distintos contratos que se firmaron de 2005 a 2012.

 

Además, Pinkus ha continuado ostentándose como representante de Harper Lee pretendiendo seguir teniendo derecho a comisiones, a pesar de que por su actuación negligente Harper Lee expresamente giró instrucciones para destituirlo.

 

Harper Lee está demandando que se garantice que los derechos de autor sobre Matar a un Ruiseñor no se encuentran gravados de ninguna forma, la devolución de las comisiones que indebidamente se adjudicó Samuel Pinkus y sus compañías, el pago de daños y perjuicios y liberar a Harper Lee de cualquier relación legal que exista con Pinkus.

 

 

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