La pasión futbolera, que duda cabe, se lleva en el corazón y porque a veces se trata de algo personal, hay que darse el tiempo necesario para denunciar las agresiones que se cometen en el campo de juego y que no son sancionadas ni investigadas por las autoridades deportivas.

 

Y porque es personal, la agresión de Pepe, defensa del Real  Madrid a Lionel Messi, delantero del Barcelona, en el partido de ida de los cuartos de final de la Copa del Rey el pasado 18 de enero, no quedará impune pues ya fue denunciada penalmente el pasado martes por un seguidor del Barcelona ante un juzgado de guardia de la ciudad de Barcelona, España.

 

El denunciante es Stefan Froreich, de nacionalidad alemana pero residente en Barcelona y socio del club de fútbol con número de afiliación 91,099, quien acusó a Pepe del delito de lesiones previsto en el artículo 147 del Código Penal.

 

En la denuncia se expone que la lesión, es decir, el pisotón de Pepe a la mano de Messi, no puede considerarse como parte del juego, sino que se trató de una acción premeditada pues el partido estaba detenido y fue hecho con dolo por lo que llena el tipo penal.

 

Para sustentar su denuncia se presentan no solo videos del hecho y recortes de prensa donde se hace referencia a la agresión, sino también una copia de la sentencia de la Audiencia de Barcelona de 2002 en la que se condena a Pepe por lesiones al haber agredido a otro jugador durante un partido cuando éste estaba parado.

 

En la denuncia se solicita se inicien las diligencias previas contra Pepe, se soliciten las imágenes completas del partido y se obtenga de los servicios médicos del FC Barcelona un informe médico del estado de la mano de Messi.

 

De prosperar la denuncia y Pepe sea encontrado culpable, podría ser condenado a hasta tres meses en prisión o al pago de una multa a juicio del juez.

 

Froreich, el denunciante declaró que tomó cartas en el asunto, no tanto por la mano de Messi o para impedir que Pepe jugara en el partido de vuelta, sino porque se trata del ejemplo que estos jugadores dan a los niños, particularmente a su hijo de 10 años a quien ha enseñado a jugar limpio y no agredir a los rivales, enseñanzas que se van al traste con las conductas anti deportistas de estos jugadores que a veces actúan como si estuvieran jugando una cascarita en la colonia y nadie los viera.

 

Porque para los que llevan el fútbol en el corazón, todo es personal.

 

 

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