La aparición de las vuvuzelas en la Copa del Mundo no solo ha despertado las más profundas pasiones entre los aficionados, jugadores, comentaristas y espectadores del mundo, sino también viejas rencillas al interior de Sudáfrica que siguen separando a la población de raza negra de la de raza blanca.

 

Las vuvuzelas, son unas cornetas que no se inventaron para este Mundial, como penosamente escuché mencionar a un comentarista de radio, sino que son parte de una tradición religiosa de la Iglesia Shembe y que han sido utilizadas desde 1910.

 

 

Hoy en día las vuvuzelas utilizadas en los estadios de fútbol, son comercializadas por una empresa llamada Masincedane Sports, quien tuvo la precaución de registrar el nombre comercial de la corneta, y que hoy, al producirlas en masa, está generando ingresos insospechados para aquellos que claman haber sido sus creadores.

 

Las vuvuzelas, llamadas originalmente izimbombu, fueron utilizadas en los ritos religiosos de la Iglesia Shembe y sus seguidores dicen obrar milagros cuando utilizan este instrumento en las curaciones que realizan.

 

Hacia la década de los años 30, un seguidor de esta iglesia, Mthembu, solicitó permiso a los líderes religiosos para hacer ciertas modificaciones al instrumento. No se trató de una idea original de Mthembu, sino de una adaptación que hizo a un instrumento conocido y que lo llevó a la vuvuzela actual.

 

La Iglesia Shembe está solicitando que se reconozca a nivel mundial que las vuvuzelas no son idea de Masincedane Sports y solicita a la empresa que otorgue el crédito a la Iglesia Shembe, y, por que no, algo de sus ingresos por las ventas del instrumentos.

 

Y en esta escena aparece un tercero en discordia que dice que adaptó vuvuzelas, hechas originalmente de bambú, a metal, para utilizarlas en los partidos de fútbol en las décadas  de los 80 y los 90 y demuestra con fotografías que si la idea de utilizarlas como parte de la celebración deportiva pertenece a alguien es a él y también solicita a los dueños de la marca comercial que comparta sus ganancias con él.

 

Conforme a las leyes vigentes en Sudáfrica es claro que quien tiene los derechos de comercialización es Masincedane Sports cuyos dueños tuvieron la precaución de registrar los derechos, pero para muchos sudafricanos se trata de principios porque es claro que registraron una idea perteneciente a toda una cultura y que no se trató de un invento propio y ven con mucho recelo que hoy, igual que en 1995, sean los habitantes de raza negra “los que estén pidiendo las migajas” de lo que originalmente les corresponde.

 

La idea de “africanizar” el derecho, es decir, de que el sistema incluya como principios las leyes indígenas de África, como el respeto, la dignidad y la integridad, ha sido rechazada por muchos sudafricanos, mientras otros sostienen que de haberse incluido estos principios en las leyes, hoy no estaría bajo disputa la propiedad y el ingreso de las regalías de las vuvuzelas y se hubiera hecho justicia.

 

¿Se trata, sin embargo, de justicia? Sin duda es un tema más complicado que el de la existencia de leyes sobre patentes y registro de marcas ya que se trata de la reconciliación nacional sudafricana, tema que sigue pendiente en su agenda.

 

Fuente Sports Leader

 

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