Jesus College, Universidad de Cambridge

 

Tribunal de la iglesia anglicana negó retiro de monumento de donador que invirtió en comercio de esclavos, de capilla de colegio de la Universidad de Cambridge

El tribunal de la Diócesis de Ely, de la iglesia anglicana, ante el que se planteó el retiro del monumento en mármol a un donador del Jesus College de la Universidad de Cambridge, inversionista en tráfico de esclavos, no es procedente.

El Jesus College es uno de los colegios que constituyen la Universidad de Cambridge. Su nombre oficial es Colegio de la Bienaventurada Virgen María, San Juan el Evangelista y la gloriosa Virgen Radegunda, y debe su nombre común al de la capilla, Jesus Chapel, fundada a principios del siglo XI.

En esta capilla es en donde se encuentra una placa que conmemora a Tobía Rustat, importante donador del Colegio y que en el siglo XVII invirtió en la Royal African Company, que comercializaba con esclavos.

La petición del retiro de la placa forma parte del movimiento que en el Reino Unido busca retirar los monumentos a personas que hicieron sus fortunas del comercio de esclavos. Fue presentada por el Colegio ante un tribunal de la iglesia anglicana por tratarse de un templo que sigue en uso y que pertenece a esta iglesia. El tribunal competente fue de la diócesis de Ely, en la provincia de Canterbury y que abarca, en términos generales, el condado de Cambridgeshire y la sección noroccidental de Norfolk.

Si bien cuando se presentó la petición para retirar la placa de las paredes de la capilla y colocarla en una exhibición permanente donde estaría debidamente contextualizado, el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, se mostró favorable a la propuesta, el abogado que resolvió el asunto, vicecanciller David Hodge, falló en contra al concluir que la petición se basó en una “narrativa falsa”.

“Nadie discute que la esclavitud y la trata de esclavos ahora se reconocen universalmente como malas, absolutamente aborrecibles y repugnantes para todas las personas sensatas, dondequiera que vivan y cualquiera que sea su origen étnico y ascendencia”, declaró el vicecanciller. “Son totalmente contrarios a las doctrinas, enseñanzas y prácticas de la iglesia moderna”.

Sin embargo, explicó en su decisión que los historiadores que se presentaron a favor del Rustat Memorial Group, de exalumnos de la Universidad Cambridge, demostraron que la petición para remover la placa se basaban en la "narrativa falsa" de que "Rustat había acumulado gran parte de su riqueza del comercio de esclavos".

Según esta otra narrativa de los historiadores, y que David Hodge calificó de la “postura verdadera”, Rustat no generó ningún ingreso de su inversión en la Royal African Company, sino hasta veinte años después de haber hecho el generoso donativo al Colegio.

“Espero que cuando la vida y la carrera de Rustat se entiendan completa y correctamente, y se vean como un todo, su monumento dejará de ser visto como un monumento a un traficante de esclavos”, declaró David Hodge.

Respecto de los sentimientos de los descendientes de esclavos, el vicecanciller señaló que mientras la iglesia debe ser un debe ser un “espacio seguro”, eso no quiere decir que deba ser un lugar donde “siempre se sienta cómodo”, “de lo contrario habría que eliminar la imagen dolorosa de Cristo en la cruz, o las imágenes del martirio de santos”.

Concluyendo que quitar la placa no es la mejor forma de resolver la posición del Jesus College y de la Universidad de Cambridge en la conciliación de su papel en la vida secular y religiosa de la institución, negó la petición, añadiendo que su remoción podría causar un “daño considerable, o notable, al significado de la capilla como edificio de especial interés arquitectónico o histórico”.

Sobre la decisión, el presidente de la Unión de Estudiantes del Jesus College, Jezz Brown, declaró a Varsity que "el ejecutivo de JCSU mantendrá una postura activa contra el memorial de Rustat y se asegurará de que se sigan todas las vías en términos de apelación y propuestas alternativas".

Añadió: “La sugerencia de que se ha retratado una narrativa falsa es indignante. La justificación dada en el veredicto es dañina y regresiva. Me preocupa que el precedente establecido por este caso desaliente a las comunidades de oponerse a monumentos, estatutos y memoriales de naturaleza similar y, por lo tanto, debemos oponernos con vehemencia al veredicto emitido hoy.”

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