Documento secreto

 

Siguiendo una tradición, juez ordena que quede fuera del conocimiento público el testamento del esposo de la reina Isabel II

Sir Andrew McFarlane, presidente de la División de lo Familiar del Tribunal Superior en el Reino Unido, selló durante 90 años el testamento del príncipe Felipe, consorte de la reina Isabel II, fallecido en abril de este año, dos meses antes de cumplir 100 años. Esto significa que, a diferencia de los testamentos de los “comuneros” británicos, no está abierto al público y solo la familia tiene acceso al documento.

Mantener confidenciales los testamentos de los miembros con mayor jerarquía de la familia real es una tradición de hace unos cien años cuando el príncipe Francis de Teck, hermano menor de la reina María, instruyó a su sucesión a pedir al Tribunal Superior que a su muerte, ocurrida en 1910, se sellara su testamento y se garantizara que no trascendería a la opinión pública.

El caso del príncipe Felipe, quien estuvo sujeto a varias polémicas y controversias a lo largo de su vida, no podía ser diferente, particularmente por haber sido el consorte de la reina. Así, para proteger la “dignidad” de la reina debido a su papel constitucional, el magistrado McFarlane concedió la petición presentada por los abogados de la sucesión del príncipe Felipe y por el abogado general, facultado para participar en asuntos de interés general.

La decisión se toma después de que el magistrado escuchó los argumentos en una audiencia celebrada en julio que se mantuvo confidencial, porque, según explicó el magistrado en su decisión, una serie de anuncios, audiencias y luego un juicio hubieran podido “generar publicidad y conjeturas muy significativas”.

El juzgador aseguró que al haber estado presente el abogado general para representar el interés público en este asunto, no se hacía legalmente necesaria la presencia de representantes de los medios de comunicación.

Además, dijo que era de interés público que declarara que él no tuvo acceso al contenido del testamento y que solo conoce la fecha de su ejecución y la identidad del albacea designado.

En la decisión publicada la semana pasada, el juez McFarlane selló el documento 90 años a partir de que se formalice el nombramiento del albacea designado para administrar la sucesión. El testamento solo se abre después de que se ha hecho este nombramiento formal en lo que se conoce en derecho inglés como grant of probate.

“He sostenido lo anterior porque por la posición constitucional de la soberana, es apropiado que exista una práctica especial en relación con los testamentos reales.

“Hay una necesidad de aumentar la protección garantizada a aspectos verdaderamente privados de las vidas es este limitado grupo de individuos para mantener la dignidad de la soberana y de los miembros cercanos de su familia”, escribió el magistrado en su decisión.

La decisión, dijo el juez, pretende dar la mayor cantidad de información sobre el asunto, sin “comprometer la privacidad convencional otorgada a la correspondencia de la soberana”.

Transcurridos los 90 años, deberá verificarse “un proceso inicial y privado para considerar si en ese momento se puede retirar el sello del testamento y hacerse público”. En este procedimiento deberán participar el abogado privado de la monarquía, el guardián del archivo real, el abogado general y cualquier otro representante del fallecido príncipe que esté disponible.

Asimismo, dispuso que la apertura física del documento, deberá ser realizada por un archivista profesional para asegurarse que el documento y sus sellos están adecuadamente preservados.

Finalmente, el magistrado dijo que las futuras peticiones de sellar los testamentos reales no serán hechas de conocimiento público.

Falta ver si en 90 años la monarquía británica sigue existiendo.

Más información theguardian.com

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