Patillas en el suelo y mano

 

Madre de participante de reality japonés, denuncia a quien, pese al suicidio, ha seguido escribiendo sobre su hija

Kyoko Kimura, madre de Hana Kimura, la joven participante del programa de televisión japonés Terrace House que en mayo se quitó la vida, declaró que en enero presentó en la Corte de Distrito de Tokio una demanda en contra de un hombre que siguió escribiendo mensajes de odio después de la muerte de su hija.

Hana Kimura tenía 22 años cuando se quitó la vida. Paralelo a su carrera en la lucha libre, fue una de las participantes de la última temporada del “reality” show Terrace House transmitido por Fuji TV y Netflix. Última temporada porque tras el suicidio de la joven se decidió por la cancelación del programa.

Terrace House se trataba de la interacción de doce jóvenes, seis hombres y seis mujeres, en una hermosa casa. Los productores y comentaristas de la serie repetidamente hacían saber que no había guion y que todo lo que ocurría dentro de la casa era espontáneo, de tal forma que muchos capítulos pasaron sin que sucediera nada en realidad. Quizá esta aproximación y la amable forma en que los participantes se trataban hicieron creer a los espectadores que de verdad no había guion.

Sin embargo Hana Kimura confió a una amistad que recibía presión por parte del staff para actuar de determinada manera. Se trata de una aseveración difícil de probar porque los participantes firman un acuerdo de confidencialidad que les prohíbe hablar sobre lo que sucedió mientras participaban en el programa, pero algunos participantes que hablaron de forma anónima para The New York Times, aseguran que esta presión sí existió.

De esta forma, en un capítulo hicieron que Hana, una joven tímida y reservada, explotara violentamente contra otro de los participantes a partir de lo que empezó a recibir más mensajes de odio en redes sociales. No ayudaron los comentarios que los “narradores” del programa hacían sobre ella ni el que su ascendencia japonesa indonesia estuviera siendo atacada constantemente por espectadores racistas que la pintaban como un gorila y hacían mofa de su color de piel más oscuro. Ataques que según una periodista no fueron notados ni comentados por los productores para defender a la joven de 22 años.

A mediados del año pasado, la producción del programa se detuvo por la pandemia y Hana Kimura rentó un pequeño departamento en Tokio en el que vivía sola. Las agresiones en redes sociales se recrudecieron y sin la ayuda y soporte emocional de su familia, decidió quitarse la vida en mayo.

En julio Kyoko Kimura presentó una queja ante la oficina de ética de medios de comunicación y mejora de la programación en la que señala que la muerte de su hija se relaciona directamente con la forma en que los productores del programa la presentaron como una persona agresiva y grosera, lo que es alejado de como era ella en realidad.

En enero presentó la demanda en contra de un hombre de la prefectura de Nagano que después de la muerte de Hana siguió escribiendo horribles mensajes de odio. “Todos son más felices porque te moriste, gracias”, es uno de los mensajes según la demanda; “¿Quién te crees que eres causando problemas hasta el final? Vete al infierno”, es otro.

Gracias a cambios legislativos, propiciados tras la muerte de Hana, la Dieta japonesa aprobó el mes pasado un cambio a la legislación que hace más fácil conocer la identidad de las personas que acosan y escriben mensajes de odio en redes sociales al obligar a las empresas a dar a conocer sus datos de tal forma que ya no tiene que mediar proceso judicial para conocer esta información.

La policía ha revelado que Hana Kimura recibió antes de su muerte 300 mensajes de odio provenientes de 200 cuentas diferentes y la línea de investigación es que esos mensajes la orillaron a decidir el suicidio.

La madre de Hana pide en esta demanda una compensación de 2.94 millones de yenes, unos US$26,900, y ha declarado que está detrás de la información de más personas que escribieron estos mensajes que empujaron a su hija al suicidio. Asimismo ha encausado el dolor que la muerte de su hija le dejó en una activa campaña para que las leyes que persiguen el ciberacoso y lenguaje de odio cambien, no solo en Japón sino en el mundo. “No creo que esto te sea irrelevante”, ha declarado. “Pueden lastimarte o a las personas que amas.”

No esperemos a leyes que hagan más fácil encontrar a quienes, escondiéndose en el anonimato de las redes sociales, perjudican a otros con su discurso de odio, empecemos por moderar el lenguaje y dejar de atacar a las personas y centrarnos en las ideas.

Mas información japantimes.co.jp /nytimes.com

Miabogadoenlinea.net

Se permite la reproducción parcial o total concediendo crédito y vinculando a miabogadoenlinea.net