Detalle de un violín

 

Fundación poseedora de violín del siglo XVIII se niega a cumplir recomendación de compensar a herederos de comerciante judío

En Alemania se está presentando una controversia sobre la recomendación realizada respecto de un violín Guarneri, fabricado en Cremona, Italia, en 1706, que perteneció a un comerciante judío que, según la conclusiones de la Comisión Asesora del gobierno alemán, lo vendió bajo coacción o fue incautado por el régimen nazi.

El violín Guarneri, de la misma fama y calidad que los fabricados por Antonio Stradivari (en latín Stradivarius), fue adquirido en 1974 por la violinista Sophie Hagemann, fallecida en 2010 a los 98 años, y viuda del compositor Franz Hofmann, fallecido en batalla en 1945. En 2005 la violinista creó la Fundación Franz Hofmann y Sophie Hagemann para promover la formación musical y la educación superior de los jóvenes, y a su muerte el violín pasó a ser propiedad de la Fundación.

Al recibir el preciado instrumento y observando que no había información sobre la propiedad del instrumento entre 1938 y 1974, la Fundación lo registró en una base de datos de arte robado para encontrar a los herederos de Félix Hildesheimer, el último propietario conocido.

Félix Hildesheimer adquirió el violín en 1938 en la tienda de instrumentos musicales Hamma & Co. en Stuttgart. Poco tiempo después, por sus orígenes judíos, fue forzado a vender su casa y su tienda de instrumentos musicales en Speyer, Renania-Palatinado, por el gravamen usado durante el Tercer Reich para evitar que los judíos que salían de Alemania sacaran con ellos el dinero, incautando sus bienes. Este impuesto se creó originalmente en 1931 para evitar que los acaudalados alemanes sacaran su capital del país.

Pese a haber vendido sus bienes, Hildesheimer no pudo salir de Alemania y el 1 de agosto de 1939 se quitó la vida. Su viuda fue ingresada en una prisión en el sur de Francia de la que logró huir. Las dos hijas del matrimonio lograron salir de Alemania antes de 1940 y establecerse en los Estados Unidos.

Localizados los herederos gracias a la intervención de un periodista, con la finalidad de determinar la procedencia del violín, en 2015 se pidió la intervención de la Comisión Asesora sobre la devolución de bienes culturales incautados como resultado de la persecución nazi, especialmente bienes judíos. Este organismo del gobierno es conocido como la Comisión Limbach, en honor a Jutta Limbach, la primera mujer que ocupó la presidencia de la Corte Federal Constitucional de Alemania.

Este organismo, creado en 2003 y que emite recomendaciones que no son vinculatorias, dispuso en diciembre de 2016 que “el violín […] permanecerá en la Fundación y la Fundación pagará 100,000 euros a los herederos como compensación.” Para la Comisión es claro que el violín fue incautado por las autoridades nazis y de ahí que haya dispuesto el pago de una compensación.

Pese a que ambas partes aceptaron esta recomendación, hasta el momento no se ha realizado el pago. Primero porque la Fundación alegó no haber recaudado los fondos necesarios, pero ahora ha puesto en tela de juicio las conclusiones de la Comisión y se niegan a pagar.

La Fundación asegura que la venta de la tienda de música y del violín en cuestión fue reportado como la venta de un “artículo normal de comercio” y no como una venta para el escape o huida, como se conoció después al mencionado impuesto, ya que la familia no listó los artículos como vendidos bajo coacción o robados durante el régimen nazi. Pero la Comisión estableció en su recomendación de 2016 que los bienes de Félix Hildesheimer fueron confiscados por la Gestapo y posteriormente subastados.

A la negativa de la Fundación de pagar el monto acordado, la semana pasada la Comisión publicó un comunicado en el que establece que “ambas partes aceptaron esta [recomendación] como una solución equitativa y justa” y acusan a la Fundación de no mostrar “un serio compromiso para cumplir con la recomendación de la Comisión.” En el comunicado se lee que los esfuerzos de oponerse a la recomendación sugiriendo que el comerciante judío vendió el violín bajo condiciones perfectamente normales significa que “la Fundación no solo está contraviniendo los principios existentes sobre la restauración de arte robado por los nazis”, “sino también ignorando hechos aceptados sobre la vida en la Alemania nazi.”

Esta respuesta de la Fundación está poniendo en tela de juicio la efectividad de la Comisión Asesora que carece de facultades legales para forzar el cumplimiento de sus recomendaciones o de los acuerdos a los que se llega.

“Las únicas opciones de la Comisión son esperar que de alguna forma los políticos los saquen de este enredo o que renuncien en conjunto”, declaró Stephan Klingen historiador de arte del Instituto Central de Historia del Arte de Múnich. “Esto pone el futuro de la Comisión en el filo de la navaja. Si no hay apoyo político, las políticas de restitución alemanas han alcanzado el final de la línea.”

“Si los herederos no pueden confiar en la implementación de las recomendaciones de la comisión, entonces, ¿para qué llevar a ella sus casos?”.

Se ve muy complicado porque ya tanto el gobierno de Baviera, donde se localiza la Fundación, como el Ministerio de Cultura, a nivel federal, han dicho que no tienen los instrumentos legales para obligar a la Fundación a honrar su palabra.

Más información dw.com /nytimes.com

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