Un cosplay de Alison Tabitha

 

Gobierno japonés considera reglas que permitirán a titulares de derechos de autor regular a cosplayers por ingresos obtenidos del cosplay

El cosplay, es una combinación de las palabras en ingles “costume” y  “play” (disfraz e interpretar o jugar). En esta actividad los participantes, también llamados cosplayers, usan disfraces, accesorios y trajes para representar un personaje específico de los cómics, cine, libros, anime, manga o videojuegos.

Como en todo, en el cosplay existen aficionados, que acuden por cientos o miles a las convenciones para presumir lo que han confeccionado, concursar o simplemente interactuar, pero también están aquellos que lo hacen de forma profesional, y que obtienen ingreso por personificar a algún personaje.

El cosplay es un fenómeno muy popular a nivel mundial y en Japón también está siendo explotado por las autoridades para promocionar la cultura japonesa en el mundo en una estrategia que se conoce como “Cool Japan”, que inclusive ha nombrado como embajadora a la popular cosplayer Enako. Enako reporta ingresos anuales por más de 50 millones de yenes, unos 482,000 dólares.

Y exactamente el caso de los cosplayers profesionales es el tema que está siendo analizado por las autoridades japonesas. Si el cosplay tiene fines no comerciales, no viola la ley de derechos de autor, pero si se publican fotos en sitios como Instagram u obtiene ingresos por la actividad, como por asistir a eventos en determinada caracterización, existe la posibilidad de que se infrinjan los derechos de autor.

El gobierno está buscando formas de proteger los derechos de autor sin ahogar la cultura del cosplay. Si la aplicación de la ley de derechos de autor es demasiado estricta, el cosplay puede terminarse. Otro problema es que para los cosplayers no es fácil obtener una licencia porque es problemático hacer contacto con los titulares del derecho de autor.

El gobierno buscando opiniones tanto de los titulares de derechos de autor como de cosplayers como Enako, pero aún no hay una propuesta de ley.

Por ello el gobierno japonés está considerando en una primera aproximación crear conciencia, aclarando los casos en los que se requiere pagar regalías por derechos de autor. Taro Yamada, subsecretario general del Grupo de Estudio de la Estrategia de Propiedad Intelectual, dijo: "Necesitamos un mecanismo del que ambas partes puedan disfrutar con tranquilidad", y propone desarrollar una base de datos que facilite la búsqueda de los titulares de derechos de autor.

Actualmente, los cosplayers pueden obtener ingresos por cosplay a través de métodos tales como suscripción o servicios de membresía, compensación económica por apariciones en eventos como convenciones o vendiendo sus disfraces, etcétera.

La cuestión de si el cosplay viola la ley de derechos de autor al infringir los derechos de reproducción o adaptación ha sido discutida por muchos dentro y fuera de la comunidad del cosplay durante años.

En Estados Unidos el tema no está claro y aunque el tema no se ha sometido directamente al análisis de los tribunales y la Suprema Corte, sí se han estudiado casos que han arrojado cierta luz.

En el caso Star Athletica, LLC contra Varsity Brands, Inc., dos fabricantes de uniformes para porristas, en el que el segundo acusa al primero de violar sus derechos de autor sobre sus diseños. La Suprema Corte analizó la protección que la legislación en materia de derecho de autor de 1976 da a la ropa, y concluyó que protege las características estéticas de los objetos útiles, en este caso ropa, por lo que pueden tener protección de derechos de autor solo si las características útiles y estéticas del objeto son separables.

Esto beneficia a los creadores de los personajes porque el moño del pelo, el estampado, las armaduras, las espadas, etcétera, pueden considerarse características estéticas separables y protegidas, pero no es tan simple, para que esto se convierta en regla tienen que llegar más casos a la Suprema Corte.

El tema no ha sido suficientemente explorado y es difícil que llegue a los tribunales porque los titulares de derechos han fomentado el cosplay, porque les beneficia: atrae audiencia y es una publicidad gratuita.

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