Edificio Neo Bankside y Tate Modern

 

Esta semana se conoció la decisión de la Corte de Apelaciones según la cual los cuatro propietarios de un edificio contiguo a la galería de arte Tate Modern en Londres, Inglaterra, volvieron a perder el caso en el que trataban que la galería cerrara la ampliación realizada por ser una “implacable” invasión a su privacidad.

Tate Modern es el museo de arte moderno del Reino Unido que alberga arte británico desde 1900 y se localiza en el distrito Bankside de Londres. La ampliación del edificio Blavatnik abrió sus puertas al público en 2016 con una superficie de 22,492 metros cuadrados en donde hay nuevas salas para exhibiciones, espacios para presentaciones, espacios educativos, oficinas, tiendas, restaurantes y estacionamiento. Ofrece, además, una plataforma de observación con una vista de 360º de Londres.

Los vecinos del edificio contiguo, Neo Bankside, un edificio de paredes de vidrio, se han quejado de la ampliación al considerar que los visitantes del Tate Modern pueden atisbar sus propiedades y por ello pidieron judicialmente que ciertas zonas del edificio Blavatnik quedaran acordonadas para impedir el paso de los visitantes.

En febrero de 2019 el juez Anthony Mann del Tribunal Superior de Londres desechó la solicitud de los propietarios del Neo Bankside explicando que ellos mismos se habían sometido a una invasión de su privacidad debido a la gran extensión de paredes de vidrio en sus propiedades.

“Estas propiedades son impresionantes y no hay duda de que tienen grandes ventajas para disfrutar sus vistas por lo extenso del vidrio, pero esto viene con un precio en términos de privacidad”, concluyó el juez Mann.

La solución que se propuso a los propietarios fue correr las cortinas para impedir que los visitantes al Tate Modern atisbaran su propiedad; una solución que no fue del agrado de los propietarios, razón por la cual presentaron una apelación.

“La corte ha desechado la apelación con fundamento en que la vista no cae dentro del agravio de molestia”, declaró esta semana sir Terence Etherton, master of the Rolls, presidente de la Corte de Apelaciones para Inglaterra y Gales.

El funcionario judicial anunció también que el permiso solicitado por los propietarios para apelar ante la Suprema Corte de Justicia ha sido negado, aunque la abogada Natasha Rees, representante de los propietarios dijo que tratarán de que el caso llegue a la máxima instancia.

En la resolución, la Corte de Apelaciones señaló: “Pese a los cientos de años en los que ha existido una solución por causar molestias al terreno de un propietario adyacente y la prevalencia de tener vista en todas las ciudades y pueblos, no se ha reportado ningún caso en este país en el que el demandante haya salido exitoso de un reclamo de molestia por ser mirado por su vecino”.

“Lo que realmente es el asunto en casos de la vista en general, y en el caso actual en particular, es la invasión a la privacidad más que … daños a los intereses en la propiedad”, razonó la corte, añadiendo que “ya existen otras leyes que tratan sobre la privacidad”, como la Ley de Protección de Datos. “Es preferible dejar que el Parlamento formule leyes adicionales que se perciba que sean necesarias para tratar con la vista en lugar de ampliar la ley de molestias privadas”, concluyeron.

Sobre este asunto, el abogado del Tate Modern, Guy Fetherstonhaugh, dijo que “la solución a lo que los demandantes perciben como una molestia está en sus propias manos”, implicando que pueden cerrar las cortinas o persianas, añadiendo que “no hay derecho a la vista”.

A su juicio, los demandantes estaban buscando “forzar al demandado a cerrar un valioso recurso y negar al público el derecho de usar la plataforma de observación para su finalidad prevista, simplemente para dar a los demandantes el derecho sin gravámenes de disfrutar su propia vista”.

Debido a esta resolución, los visitantes al Tate Modern pueden seguir disfrutando de todas las áreas y de la plataforma de observación. Si vas de visita, evita saludar a los vecinos para no generarles mayor malestar.

Más información theguardian.com

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