Palacio de Cecilienhof

 

Las negociaciones entre el príncipe Georg Friedrich Ferdinand, el Ministerio de Cultura de Alemania y y las autoridades del estado alemán de Brandeburgo y de Berlín iniciaron la semana pasada respecto de los reclamos de restitución que el descendiente del káiser Guillermo II, de la casa Hohenzollern, ha presentado.

El káiser Guillermo II fue el último monarca alemán, forzado a dejar el cargo en 1918 en la Primera Guerra Mundial. Al abandonar el trono y el país dejó atrás también todas sus posesiones y propiedades, las que fueron confiscadas en 1918 por la naciente República de Weimar. Los herederos recuperaron algunas en 1926, pero las perdieron definitivamente en la Segunda Guerra Mundial cuando los soviéticos los desterraron.

Georg Friedrich Ferdinand, nacido en 1976, es el único hijo del príncipe Louis Ferdinand de Prusia y es la actual cabeza de la familia Hohenzollern. Con fundamento en la ley de compensación ha estado pidiendo que le regresen varios inmuebles, así como cientos de obras de arte, muchas de las cuales forman parte de colecciones de museos en Berlín y en ciudades de Brandeburgo como Potsdam, la capital.

Estas pretensiones han sido poco satisfactorias hasta el momento. En junio pasado un tribunal alemán falló en contra de la restitución del castillo Rheinfels que pertenece a la población de St. Goar del estado de Renania-Palatinado, y que actualmente funciona como hotel.

Las demandas de restitución del príncipe no son sencillas de lograr. Por ejemplo, Georg Friedrich pide derechos permanentes de habitación y reconocimiento como propietario del palacio Cecilienhof, cuyo propietario actual es la Fundación Prusiana de Palacios y Jardines de Brandeburgo y Berlín, pero sus recientes remodelaciones fueron pagadas con fondos públicos, es decir, con dinero de los contribuyentes.

El palacio Lindstedt en Potsdam, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1993 por la UNESCO y la propiedad conocida Liegnitz Villa, cerca del palacio Sanssouci, también fueron remodelados con dinero público, lo que complicaría las pretensiones del llamado príncipe.

Respecto de las pretensiones de devolución de obras de arte, archivos y objetos de valor histórico, la gran mayoría están actualmente en exhibición en diferentes museos, de tal forma que, si se logra la restitución de todo lo solicitado, muchos museos tendrían que cerrar, como lo declaró a Der Spiegel Samuel Wittwer, director de la Fundación Prusiana de Palacios y Jardines de Brandeburgo y Berlín.

Al respecto, el abogado de Georg Friedrich Ferdinand, Markus Hennig, declaró a mediados de julio que su cliente desea que esos objetos permanezcan en los museos públicos: “Desde el punto de vista de la casa [de Hohenzollern], el objetivo principal es preservar las colecciones en los museos existentes y continuar haciéndolas accesibles al público”.

Las reclamaciones se están presentando con fundamento en el Tratado de Unificación de 1990 que establece que las expropiaciones realizadas durante el régimen soviético son ilegales. En 1994 se decretó la Ley de Indemnización y Compensación que establece compensaciones a estas expropiaciones, siempre que el peticionario no hubiere prestado apoyo al régimen nazi, lo que ocurrió en la década de los años 30 y 40 cuando el príncipe heredero Guillermo, en ese momento cabeza de la casa Hohenzollern, apoyó al partido de Hitler. Es un asunto, sin embargo, que los Hohenzollern disputan.

Según Der Spiegel, hace algunos meses el gobierno alemán presentó una propuesta de contrato a los Hohenzollern, pero, aparentemente, no fue aceptado, presentándose a su vez una contrapropuesta de varios cientos de páginas a lo que la ministra de Cultura Monika Grütter respondió que no es "una base adecuada para negociaciones prometedoras".

Pese a ello las negociaciones entre las partes han iniciado y ya veremos cómo le va al heredero de Guillermo II.

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