Rue Saint-Honoré, dans l'après-midi. Effet de pluie (1897), Camille Pissarro

En el marco del conflicto de la familia Cassierer con el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, España, la Comunidad Judía de Madrid y de la Federación de Comunidades Judías de España presentaron el pasado viernes un amicus curiae a favor de la familia ante la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos.

Se trata de un litigio en el que los herederos de Lilly Cassirer Neubauer buscan recuperar el cuadro Rue Saint-Honoré, dans l'après-midi. Effet de pluie (1897), de Camille Pissarro, que la propietaria vendió a los nazis en 1939 por US$360 y a cambio de un permiso para salir de Alemania.

El cuadro fue posteriormente vendido en una subasta organizada por el gobierno nazi y pasó por varias manos hasta que, en 1976, fue adquirido por el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza. En 1993 el barón vendió su obra a la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza y con ella se creó un museo para exhibirla en el Palacio Villahermosa, en Madrid.

David y Ava Cassirer, nietos de Lilly Cassirer, pidieron a los tribunales españoles en 2001 la devolución de la obra bajo el argumento de que se trata de arte robado por los nazis. Cuando en 2005 la justicia española les negó la petición, llevaron el caso a los tribunales federales de los Estados Unidos en Pasadena, California.

En primera instancia el juez aceptó que la venta realizada en 1939 fue ilegal, pero no así la venta de 1976 en la que el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza adquirió el cuadro puesto que desconocía que la obra había sido robada. Además, aplicando el derecho español, el juez concluyó que había habido prescripción positiva por la posesión no interrumpida de seis años.

En julio de 2017 la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito de los Estados Unidos concluyó que no había prescrito la acción ejercida por los herederos de Lilly Cassirer, puesto que, con fundamento en la ley de 2016 Holocaust Expropriated Art Recovery (HEAR), la demanda se presentó dentro de los seis años posteriores a que los herederos tuvieron conocimiento de la ubicación del cuadro como parte de la colección Thyssen-Bornemisza.

Así, se ordenó que el caso regresara a primera instancia para que se confirme si el Museo Thyssen-Bornemisza sabía si la obra había sido robada o no cuando lo adquirieron en 1993.

Sin embargo, el 7 de septiembre de 2017, el Thyssen presentó una petición de reconsideración a la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito y España se presentó como tercero interesado en apoyo del Thyssen. Tanto los Cassirer como la Comunidad Judía de Madrid y la Federación de Comunidades Judías de España se opusieron a la admisión a trámite de la petición de reconsideración y en diciembre de 2017 la Corte de Apelaciones rechazó admitir a trámite la solicitud de reconsideración, por lo que se presentó un recurso ante la Suprema Corte de Justicia.

Ante la Suprema Corte, el Thyssen-Bornemisza expone que la Corte de Apelaciones debió haber aceptado el informe presentado por el gobierno español respecto de la interpretación de sus propias leyes, informe elaborado por el abogado del Estado Jefe del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

En el escrito de apoyo a la familia Cassirier que presentaron la Comunidad Judía de Madrid y de la Federación de Comunidades Judías de España, exponen que el Thyssen está intentando que el informe del abogado del Estado tenga un peso más importante en los tribunales estadunidenses que los que tienenen España, puesto que ante los tribunales españoles estos informes no son vinculantes y su naturaleza es meramente consultiva.

Ahora corresponde a la Suprema Corte de los Estados Unidos decidir si admite o no esta petición. De no hacerlo, el caso regresara a la corte de distrito para que se determine si el Museo conocía que la obra había sido catalogada como arte robado por los nazis, como lo expusieron los Cassirier al haber presentado evidencia de queen 1947 el Ministerio de Cultura francés publicó una lista de cuadros expoliados por los nazis en la que se incluían 47 obras de Camille Pissarro y que en 1954 la Corte de los Estados Unidos para Asuntos de la Alta Comisión Aliada emitió́ una decisión confirmando que el titular legitimo del cuadro era Lilly Cassirer.

Se trata de un asunto que todavía tiene mucho camino por recorrer en los tribunales estadunidenses.

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