Por  el caso de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero, una vez más hay  voces pidiendo la profesionalización de las policías federales, estatales y municipales ya que al igual que en hechos anteriores como los de Atenco, Oaxaca, el D.F., Puebla, entre otros, se encuentra involucrada de una u otra forma la policía.

Ya en 2009, la Suprema Corte de Justicia de la Nación en su dictamen sobre los penosos hechos de Texcoco y Atenco en el Estado de México, dejó de manifiesto la impericia y falta de profesionalismo de los cuerpos policíacos y sobretodo su falta de capacitación.

En ese dictamen se destacaron “las carencias y deficiencias sistemáticas que acarrea la actividad policial en general” como el deficiente marco jurídico que regula el uso de la fuerza del Estado y oriente la actuación de las policías; o la ausencia de protocolos que enmarquen la formación y la actuación de los policías cuando éstos, en función de sus responsabilidades, deben aplicar fuerza sobre las personas; la falta de técnicas de detención, sometimiento, aseguramiento, manejo de multitudes, y capacitación suficiente en relación con la actuación apegada al respeto a los derechos humanos de todas las personas".

También se destacó la falta de profesionalismo motivada por la deficiente capacitación y pericia de la policía, las carencias en el sistema de carrera que se manifiestan en los perfiles, sueldos, e instrucción de los policías, falta de contraprestaciones dignas y proporcionales al trabajo y riesgo desempeñado, por mencionar algunas, y que afectan, en general, a gran parte de las fuerzas de seguridad pública.

El dictamen se emitió en 2009 y lo que han hecho hasta ahora las autoridades de todos los partidos ha sido insuficiente, como lo revela el estudio Programa Universitario de Derechos Humanos (PUDH) de la Universidad Autónoma de México llamado “Hacia una nueva policía, diagnóstico y propuesta”.

El documento fue presentado el año pasado y entregado a la Secretaría de Gobernación, al secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, al comisionado nacional y a todos los gobernadores del país.

Ese diagnóstico destaca aspectos como que, según información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, a cinco años de la reforma constitucional en materia de seguridad, a diciembre de 2012 sólo cinco estados tenían avances en la implementación del nuevo modelo de policía superiores al 90%, en 20 estados  los avances fluctúan entre 44.8% y 89.7 % y 7 estados tenían avances inferiores a 50% en la profesionalización de los cuerpos policiales.

También se destaca que el 68.3% de los policías municipales sólo cuenta con educación básica, el 1.9% carece de instrucción o son analfabetas y solamente el 26% por ciento de los mandos tiene coeficiente intelectual medio o superior al medio.

A finales de 2012 sólo el 5.3% de las policías estatales había recibido capitación en temas como investigación, análisis táctico y operaciones.

Además, sólo el 8% de los 2,440 municipios, es decir, 195 municipios, habían hecho adecuaciones para establecer el servicio profesional de carrera en sus policías..

El documento también destaca que un aspecto importante de una verdadera carrera policial es el salario, y en nuestro país distan mucho de ser los adecuados para garantizar una vida digna al trabajador.

En 2011, aproximadamente 22 % de los policías ganaba entre $1,600 y $4,800; 44% entre $4,800 y $8,000; 24 %, entre $8,000 y $11,200; 8%, entre $11,200 y $16,000. Es decir que 66 % de los policías en nuestro país recibe salarios por debajo de los $8,000, pero peor aun, existe un 2%, que gana menos de $1,600 pesos.

Pero aun más grave es que con la reforma de 2008 en materia de seguridad pública y justicia penal, estos mismos policías, como los de Ayotzinapa tienen atribuciones en materia de investigación de los delitos, la conservación de la escena del crimen determina, observar la cadena de custodia de las pruebas, etcétera.

El documento incluye más datos alarmantes, pero es imposible reproducirlos en este espacio. En vez de estar buscando los políticos de todos los partidos a los responsables por casos como el de Ayotzinapa, deberían verse en el espejo, porque el panorama de una policía en ruinas es sólo su responsabilidad.

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