Ranas en estanque

En Francia se ha presentado un caso muy peculiar en el que un matrimonio ha quedado entre la espada y la pared ya que, de cumplir con una sentencia impuesta arriesgan la imposición de una elevada multa e incluso el riesgo de prisión.

Se trata del caso de Michel Pecheras y de su esposa Annie quienes residen en la localidad de Grignols en la comuna de Dordogne y a quienes sus vecinos llevaron a juicio hace cinco años por el “ruido” que las ranas hacen en un estanque que tienen en su propiedad.

Los vecinos argumentaron que las más de 30 ranas que ahí residen hacen un ruido insoportable, particularmente entre abril y junio cuando es la época de apareamiento. El sonido llega a alcanzar 63 decibeles, equivalente al que hace una lavadora o una aspiradora.

En primera instancia los Pecheras fueron sentenciados a rellenar el estanque para poner fin al sonido de las ranas, advirtiéndoles que por cada día que pasara sin que cumplieran con la sentencia se les impondría una multa de 150 euros.

Los Pecheras apelaron la sentencia, pero el pasado mes de diciembre la sentencia de primera instancia fue confirmada.

El problema es que las ranas que habitan el estanque son especies protegidas lo que significa que si los Pecheras cumplen la sentencia y rellenan el estanque estarían cometiendo un delito en materia de medio ambiente, con el riesgo de que se les imponga una multa de hasta 150,000 euros y una pena de prisión de hasta dos años.

El matrimonio no se ha dado por vencido y, aunque parecen tener todo en contra siguen luchando su caso con el apoyo de grupos de protección al medio ambiente. Incluso han hecho un llamado al ministro de medio ambiente de Francia, Nicolas Hulot, para que intervenga en el caso y, como Salomón, llegue a una decisión equitativa.

Es interesante notar que no es el primer caso en que el ruido que hacen los animales es motivo de pleito. En agosto de 2017 una mujer residente de la Isla de Olerón (Île d'Oléron), Francia, recibió el aviso legal de un vecino que amenaza con demandarla por daño a la salud pública por el ruido que hace Maurice, su gallo que, como todo gallo, canta para anunciar el amanecer.

Con motivo de esa amenaza, esta mujer, de nombre Corinne Fesseau declaró: “Muchas personas van de vacaciones y se quejan del ruido de las vacas, perros, ranas, campanas de iglesia… No es normal. Estos sonidos estaban ahí antes que ellos, ellos deberían aceptarlos”.

“¿Qué prohibimos después? ¿El murmullo de las palomas, el llanto de las gaviotas, el gorjeo de los pájaros cada mañana?”, válidas preguntas en un momento en que todos nos quejamos de lo inestable del clima, pero en el que nadie quiere ceder ni un ápice a favor de la naturaleza.

Más información thelocal.fr

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