Mano con anillo entre los dedos

La Corte Consuetudinaria de Igando, Lagos, Nigeria, tuvo que resolver una petición de disolución de matrimonio un tanto inusual, ya que en ella el esposo, un pastor cristiano, pedía el divorcio bajo el argumento de que su esposa lo maldecía invocando sus “partes privadas”.

En su escrito de divorcio, el hombre de 53 años expuso que él y su esposa peleaban diariamente y que después de cada pelea eran presentados en la estación de policía. “De hecho, somos clientes regulares de la estación”, declaró.

Dijo que su esposa amenazaba su vida ya que solía usar armas peligrosas durante las discusiones que tenían por lo que, declaró: “tengo miedo. No puedo dormir bajo el mismo techo que ella con los dos ojos cerrados”.

Además de ello expuso que su esposa lo maldecía. “No puedo seguir haciendo el amor con una mujer que siempre está desnuda y me maldice con su parte privada”, dijo, aclarando que ya no podía tolerar la mala naturaleza y problemas de su cónyuge.

La esposa, una diseñadora de modas de 46 años, dijo ante la corte que su esposo siempre la acusaba de practicar la brujería. “Mis manos están limpias. No sé nada de sus problemas”.

Declaró que su esposo la había abandonado hace diez años con sus cuatro hijos y que ella se hacía responsable de la familia desde entonces.

Pese a lo anterior y a la serie de declaraciones que hizo el esposo en la demanda de divorcio, ella se opuso al divorcio bajo el argumento de que aún estaba enamorada de él.

El presidente del tribunal, Akin Akinniyi, expuso que el esposo había sido inflexible respecto del divorcio pese a los procesos de mediación del tribunal y de la familia.

“Como el peticionario insiste en el divorcio después de varias intervenciones, el tribunal no tiene otra opción más que disolver la unión pese al hecho de que la esposa dice que aún ama a su esposo.

“El tribunal declara que el matrimonio entre el pastor Bernard Towoju y la señora Abosede Towoju queda disuelto desde hoy y ambas partes, por tanto, dejan de ser marido y mujer.

“Ambos son libres de ir por caminos separado sin ningún impedimento”, concluyó el juez.

El alegato de la maldición y la brujería, sin embargo, no quedó probado en el tribunal.

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