Miércoles  16 de agosto  de 2017  11:34 pm
Vaso de cerveza

Un juez del Tribunal Superior de Londres concedió la razón a un millonario, propietario entre otras cosas del club de fútbol Newcastle, que fue demandado por un banquero por un supuesto acuerdo al que llegaron entre copa y copa en un pub londinense hace cuatro años.

El demandado fue Mike Ashley, propietario también de la cadena de tiendas de ropa y artículos deportivos Sports Direct, que hace cuatro años coincidió con Jeffrey Blue, un banquero de inversiones, y otros tres financistas en el pub de Londres Horse and Groom.

Conforme a Jeffrey Blue, en la conversación que sostuvieron mientras consumían mucho alcohol, Mike Ashley le dijo que si lograba que las acciones de Sports Direct llegaran a 8 libras esterlinas, le pagaría 15 millones de libras.

La demanda se presentó cuando las acciones de la empresa llegaron a la cantidad acordada y Mike Ashley no cumplió con el presunto acuerdo.

“Si le hubiera dicho al señor Blue que le pagaría £ 15 millones si podía elevar el precio de las acciones [de Sports Direct] a £8, hubiera sido obvio para todos, incluido el señor Blue, que no estaba siendo serio”, declaró el millonario propietario del Newcastle.

Una vez que las partes presentaron evidencia sobre sus posturas, el juez Leggatt terminó fallando a favor de Mike Ashley diciendo: “Ninguna persona razonable presente…hubiera pensado que la oferta de pagar al señor Blue £15 millones era seria y que había intención de cerrar un contrato.

“Todos pensaron que se trataba de un chiste. El hecho de que el señor Blue desde entonces se haya convencido a sí mismo de que la oferta era seria y que legalmente se había llegado a un acuerdo vinculatorio, muestra solamente que la capacidad humana de hacerse ilusiones conoce pocos límites”.

Así, el juez no solo desconoció la existencia de un contrato entre las partes, sino que también ordenó a Jeffrey Blue a pagar los gastos legales en que incurrió Mike Ashley por un millón y medio de libras esterlinas.

Se trata de un peculiar caso que puso en evidencia la forma en que el millonario señor Ashley suele cerrar sus negocios en maratónicas sesiones de tragos, comiendo kebabs y vomitando en chimeneas. Una ética de trabajo extraña con negocios siendo conducidos “en formas poco ortodoxas y en lugares inusuales”, como lo describió durante el proceso Jeffrey Blue.

Más información bbc.com

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