Lunes  18 de diciembre  de 2017  8:12 pm

El pasado 7 de junio se presentó en la sesión de la Comisión Permanente, una iniciativa que será turnada a la Cámara de Diputados y que propone reformar la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos a fin de regular el manejo integral de residuos plásticos generados en los establecimientos comerciales o de servicios, con especial atención a los popotes (pajillas, pajitas) como un residuo de alto impacto ambiental, prohibiendo su uso.

En la exposición de motivos de la iniciativa se destaca que, según un reporte de la Global Ocean Commission, denominado Plastics, keeping them out of the ocean, entre 2002 y 2013 la producción mundial anual de plásticos aumentó casi un 50 por ciento, pasando de 204 millones de toneladas a 299 millones, esperando que la producción mundial de plásticos llegue a 500 millones de toneladas para 2020.

El 80 por ciento de la contaminación flotante del océano está compuesta por plástico, sin embargo, sólo 10 por ciento subsiste en la superficie, mientras que el resto se hunde y permanece en el fondo del mar por tiempo indefinido; además, algunos de estos plásticos al degradarse liberan agentes tóxicos como el Bisphenol A (BPA), lo cual provoca alteraciones hormonales que pueden derivar en infertilidad tanto en animales como en el ser humano que los consume a través de las especies marinas destinadas al consumo humano.

En México no existen cifras oficiales de cuántos popotes se desechan, pero sí existen estimaciones de cuánto plástico acaba en los rellenos sanitarios y tiraderos a cielo abierto en el país. Según un reporte de la Asociación Nacional de Industrias del plástico (ANIPAC), alrededor del 12% de la basura en México es plástico. Esto equivale a aproximadamente 10,350 toneladas diarias de las 86,343 del total de basura que producimos, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). De esas 10,000 toneladas de plásticos, un alto porcentaje termina en tiraderos de basura a cielo abierto, así como en cuencas de ríos, lagos, mares y los océanos, desplazándose por esta vía hacia todo el mundo.

En los tiraderos de basura y rellenos sanitarios los desechos plásticos ocupan 2.5 más espacio que su peso por su material resistente y su volumen, según el reporte de ANIPAC, lo que significa que los saturan y hay que hacer más.

Uno de los casos más alarmantes son los popotes, ya que están hechos de un derivado del petróleo llamado propileno (plástico #5), por lo cual su proceso de degradación es prácticamente nulo, persistiendo casi infinitamente en miles de pequeños pedazos que ocasionan severos daños ecológicos, principalmente a los animales que los ingieren confundiéndolos con alimento.

La mayoría de los materiales plásticos pueden reciclarse o transformarse en otros materiales, pero el 95 por ciento de los popotes que se utilizan no son reciclables y tienen una vida útil muy corta ya que sólo son utilizados por única ocasión.

Se estima que un restaurante desecha aproximadamente 45 mil popotes al año y que una persona podría llegar a consumir alrededor de 38 mil popotes durante su vida, mismos que al no ser biodegradables permanecen durante años. La organización Ocean Conservacy afirma que, en los 17 estados costeros de nuestro país, en un lapso de tres horas se pueden recolectar 17 mil popotes.

Esta iniciativa llega en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas para Apoyar la Consecución del Objetivo de Desarrollo Sostenible 14: Conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible que se realizó en Nueva York, entre el 5 y 9 de junio de este año, conocida como la Conferencia del Oceano (Ocean Conference).

En estas reuniones se asumió el firme compromiso de conservar y utilizar en forma sostenible nuestros océanos, mares y recursos marinos para el desarrollo sostenible, mediante la adopción con carácter de urgente, entre otras medidas, de “acelerar las medidas para prevenir y reducir significativamente todo tipo de contaminación marina, en particular la resultante de actividades realizadas en la tierra, incluidos los plásticos y microplásticos,… promover la prevención y la minimización de los desechos,… en particular incentivando las soluciones basadas en el mercado para reducir los desechos y su generación, mejorando los mecanismos ambientalmente racionales para la gestión, la eliminación y el reciclado de los desechos, y elaborando alternativas como productos reutilizables o reciclables, o productos que sean biodegradables en condiciones naturales”.

También se asumió el compromiso de “aplicar estrategias sólidas y a largo plazo para reducir el uso de los plásticos y microplásticos, en particular las bolsas de plástico y los plásticos de un solo uso, entre otras cosas mediante la colaboración con los interesados en los niveles pertinentes para abordar su producción, comercialización y uso”.

Como apenas es una iniciativa, por lo que falta un gran camino para que esta medida se convierta en ley, pero ante los compromisos internacionales, es posible que se haga realidad.

Una isla de plástico con más de 100 millones de toneladas de desechos flotando a la deriva y contaminando la cuna de la existencia se encuentra en un punto del giro oceánico del Pacífico Norte, donde convergen las corrientes marinas y donde el agua entra en calma. Su tamaño actual es de estados como Chihuahua o Coahuila, pero en un futuro podrían tener el de un continente.

No seamos parte del problema, convirtámonos en parte de la solución. Casi siempre, cada vez que ordenas una bebida en un restaurante, los meseros te darán un popote nuevo, sin que tú lo pidas. Cambiemos esta práctica, no ofrezcamos el popote o no lo aceptemos. Con eso contribuiremos a mejorar nuestro ambiente. 

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