Pablo Picasso

Una juez de distrito de los Estados Unidos desechó el pasado miércoles la demanda presentada por la heredera de un empresario judío que, alegando que su bisabuelo había vendido bajo el régimen nazi la obra de Pablo Picasso, El Actor, pedía le fuera devuelta a la familia.

Laurel Zuckerman, nieta de Paul Leffmann y albacea de la herencia de Alice, esposa de Paul, presentó la demanda pidiendo que el Museo Metropolitano de Arte de Manhattan, Met, propietario actual de la obra, la regresara a la familia o, en su caso, les pagara una compensación de 100 millones de dólares por los daños.

Conforme con la demanda, Paul Leffmann y su familia abandonaron Alemania y llegaron a Italia en 1937. En búsqueda de recursos para huir a Suiza, vendió la obra de Picasso a dos comerciantes de arte en 1938 por 12,000 dólares. En la acción legal se argumentaba que el huir del régimen de Mussolini en Italia, aliado de Hitler, llevó a Leffmann a malbaratar la pintura por lo que las duras circunstancias de persecución implicaban que se había vendido la obra bajo coacción.

El Met, que en 1952 adquirió la obra a través de una donación, pese a mostrar empatía con la situación de Leffman, se opuso a la petición de Zuckerman.

En su decisión, la juez de distrito Loretta Preska concluyó que Laurel Zuckerman no pudo demostrar que la venta haya sido bajo coacción del régimen: “Aunque los Leffmann sintieron presión económica durante las innegables horribles circunstancias de los regímenes nazi y fascista, esa presión, cuando no es causada por las contrapartes de la transacción (o el demandante) en alegatos de coacción, es insuficiente probar coacción respecto de la transacción”. Es decir, en este caso la venta fue “entre individuos privados y no por órdenes de los gobiernos nazi o fascista” y no fue producto de una “amenaza injusta” de los compradores hacia Paul Leffman.

Lawrence Kaye, abogado de Laurel Zuckerman manifestó en un correo electrónico que “su cliente está muy inconforme con la decisión y tiene la intención de apelar”.

Mientras tanto, en declaración de prensa el Met señaló que la decisión confirma que ellos son los legítimos propietarios de la obra. Explicó que todos los reclamos de robo de arte durante el régimen nazi son analizados cuidadosamente y que en el pasado han regresado objetos que han sido apropiados ilegalmente.

Pese a que se plantea la apelación, los visitantes al Met podrán seguir admirando esta obra de Picasso, la que en 2010 sufrió una rotura de 10cm cuando una estudiante de arte perdió el equilibrio y la rasgó.

Más información theguardian.com

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