Martes  26 de septiembre  de 2017  11:01 am
Jeringa con líquido amarillo

Un tribunal de Toronto, Canadá, concluyó esta semana en la responsabilidad de dos anestesiólogos por mala práctica profesional al no haber monitoreado durante una operación a la paciente, quien en medio de la cirugía tomó conciencia de lo que estaba ocurriendo en su cuerpo, pero que por estar paralizada no pudo dar aviso.

“Alguien estaba dentro de mí, rompiendo, rompiéndome”, testificó sobre su experiencia Lynn Hillis, la mujer de 54 años de edad que demandó por mala práctica profesional a los médicos de un hospital de Toronto. “Fue una tortura. Me estaba quemando, quemando, y quemando”.

Se trata de un accidente poco frecuente, pero que puede ocurrir durante las cirugías cuando el paciente toma conciencia de todo lo que sucede y puede sentir y escuchar, pero no moverse porque ha sido anestesiada con drogas paralizantes.

El caso ha llamado la atención porque se presume que es el primero en Canadá que concluye con la responsabilidad de los médicos, debido a que probar lo sucedido es extremadamente difícil. Sin embargo, en este caso, los detalles que narró Lynn Hillis que ocurrieron a mitad de su cirugía fueron incontrovertibles, pues pudo decir de qué hablaban los médicos es incluso declarar que el anestesiólogo en jefe abandonó el quirófano y dejó encargado a un ayudante.

La cirugía tuvo lugar en 2008 en el Hospital General de Toronto, cuando a Hillis, por medio de cirugía laparoscópica, le extirparon el útero, ovarios y trompas de Falopio, después de haber sido diagnosticada con cáncer.

A mitad de la cirugía, los médicos pidieron al anestesiólogo, doctor Reza Ghaffari, que disminuyera el flujo de óxido nitroso porque los intestinos de la paciente se habían distendido y no les permitían seguir el procedimiento. La juez del caso, Kendra Coats, concluyó que el médico cometió un error al no haber incrementado la dosis intravenosa de Profopol para evitar que la paciente sufriera dolor.

Derivado de la sentencia, las partes han decidido llegar a un acuerdo y el hospital accedió a compensar a Lynn Hillis en una cantidad que se desconoce porque, conforme lo declaró su abogado, Stephen MacDonalds, legalmente no puede revelar esa información.

Se trata de una experiencia muy dolorosa y extremadamente impactante por la incapacidad que se tiene de reaccionar y por ello, los pacientes que sufren de este accidente quirúrgico suelen sufrir estrés postraumático después de la cirugía. Al momento de haberse acordado la compensación, los abogados y personal administrativo del hospital habrán tomado esto en consideración.

Más información vancouversun.com

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