Martes  25 de julio  de 2017  6:37 am
Dmtry Rybolovlev con dos obras de Picasso

Una Corte de Apelaciones de Singapur desechó esta semana la demanda presentada por el millonario ruso Dmitry Rybolovlev, propietario del Club de Fútbol Mónaco, en contra del transportista y comerciante de arte Yves Bouvier, acusado de fraude y lavado de dinero, al considerar que son los tribunales suizos los que tienen jurisdicción sobre el asunto.

Yves Bouvier es un empresario suizo, transportista y comerciante de arte, que en febrero de 2015 fue acusado de fraude y lavado de dinero. A partir de esta denuncia, en marzo de ese mismo año, Rybolovlev lo demandó en Singapur por haberle cobrado altísimas comisiones en la compra de una colección de obras de arte que le costó 2 mil millones de dólares, habiendo sido la mitad de este precio el supuesto monto de la comisión.

La relación comercial entre ambos hombres inició en 2003 con la compra hasta 2006 de obras de arte por parte del magnate ruso, cuando ambos residían en Ginebra, Suiza. En 2009, Rybolovlev se mudó a Mónaco, donde adquirió el conocido equipo de fútbol, y Bouvier se mudó a Singapur donde estableció un puerto libre al que el ruso empezó a mover sus obras de arte para ocultar bienes de su exesposa Helena, en el muy disputado divorcio en el que en 2014 una corte suiza otorgó la mitad de la fortuna del magante, calculada en 8 mil 800 millones de dólares, a la exesposa. Esa decisión luego fue revocada por una Corte de Apelaciones y en 2015 la pareja llegó a un acuerdo mutuo cuyo monto se desconoce.

En 2015, Yves Bouvier fue detenido en Montecarlo a raíz de la denuncia presentada por el magnate ruso por lavado de dinero y fraude y ese mismo año presentó una demanda civil en su contra ante los tribunales singapurenses.

En Singapur, en primera instancia el juez falló a favor del ruso señalando que podría sufrir una “grave perjuicio” si la demanda se presentara ante los tribunales suizos, donde sus reclamaciones podrían no ser protegidas.

En 2016 el Tribunal Superior de Singapur declaró no tener jurisdicción para resolver el caso, pero ordenó que este se ventilara ante la Corte Mercantil Internacional de Singapur, encargada de resolver disputas comerciales internacionales. Esta decisión fue apelada por los abogados de Yves Bouvier.

Este mes, la Corte de Apelaciones de Singapur concluyó que, con fundamento en los contratos firmados entre las partes en que reconocían la jurisdicción de leyes y tribunales suizos, y que esos términos parecieron no haber cambiado cuando la relación continuó mediante contratos verbales, “Suiza es clara y distintivamente un foro más apropiado que Singapur para la resolución de la disputa”. Los magistrados añadieron que no tenían duda alguna en el “rechazo del argumento de que Rybolovlev sería privado de justicia si presentaba su demanda en Ginebra”. Mediante esta decisión se cierra la posibilidad de que el asunto sea referido a la Corte Mercantil Internacional de Singapur.

Sobre esta decisión, un vocero de las empresas de Rybolovlev, Xitrans y Accent Delight, declaró que “la decisión no contiene ninguna constatación sobre el fondo" de su disputa y "simplemente constituye otro incidente de procedimiento en un litigio internacional complejo".

Un litigio ciertamente complejo porque esta demanda no ha sido la única presentada en contra del comerciante de arte suizo. En 2015, la empresa que fundó con Olivier Thomas, Luxembourg Freeport, que es una bóveda a prueba de bombas en donde los multimillonarios pueden almacenar sus pinturas, esculturas, diamantes y vinos, se vio envuelta en una demanda en la que también tomó parte Rybolovlev y que fue presentada por Catherine Hutin-Blay, la única hija de Jacqueline, segunda esposa del pintor español Pablo Picasso, y quien heredó varias obras del pintor a la muerte de su madre en 1986. La denuncia fue por el robo de dos obras, ambos autorretratos de su madre realizados por Picasso, que pasaron a formar parte de la colección del ruso, pese a que ella no las había vendido. El ruso alegó que compró las obras por intermediación de Yves Bouvier.

Este caso fue cerrado en 2015, cuando Bouvier demostró haber pagado a Catherine Hutin-Blay ocho millones de euros por la venta de los cuadros, a través de un fideicomiso en Liechtenstein.

Por lo pronto, la disputa entre el comerciante de arte y el empresario ruso continúa, en un caso en donde la reputación del magnate ruso ha sido también puesta a prueba.

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