Medio limón es la prueba fehaciente, más allá de toda duda razonable, que la fiscalía turca presenta para condenar a un hombre kurdo por vínculos con el terrorismo.
El imputado es, por supuesto, un hombre kurdo, de nombre Mehmet Tahir Ilhan, quien además de ser iletrado, es sordo y mudo.
A través del lenguaje de señas este hombre, quien es portero de un bazar, declaró haber sido detenido en la ciudad de Adana en medio de una violenta manifestación a favor de los kurdos.
Y la prueba irrefutable que se presenta en su contra es el medio limón con el que supuestamente se le encontró, ya que se utilizan los limones para diluir los efectos de los gases lacrimógenos.
Bajo la ley antiterrorista, la fiscalía acusa a este hombre de hacer propaganda a favor del prohibido partido político de los trabajadores turcos, conocido por sus siglas PKK en turco, además de formar parte de una organización delictiva. Por estos delitos piden 25 años de prisión.
Y mientras Mehmet Tahir Ilhan es sujeto a proceso con tan débiles pruebas, el primer ministro Erdogan anunció con bombos y platillos que los alumnos kurdos podrán finalmente optar por aprender de manera formal su idioma en las escuelas ubicadas en las regiones kurdas. No se trata de la oficialización del idioma, tan solo que en los nuevos programas escolares, ajustados a las normativas de la Unión Europea, se ofrece el kurdo a los alumnos como una materia electiva. Un gran paso hacia la libertad de elección como dijo en su discurso el primer ministro, en un afán de atraer las simpatías de los kurdos y lograr el cese de la violencia.
Le deberían comentar que sus actos de gobierno de “buena voluntad” están siendo boicoteados por los fiscales.